Tecnología

2026 marca el inicio de la meteórica carrera de los robots humanoides: este gráfico lo ilustra a la perfección

Lo que durante años parecía un campo de demostraciones espectaculares pero alejado del uso real ha entrado en 2026 en su fase de aceleración definitiva: la robótica humanoide ha alcanzado el punto de inflexión que los analistas venían anticipando, respaldado por un flujo de recursos sin precedentes que supera con creces todo lo acumulado en la década anterior. Según datos recopilados por Tracxn y difundidos por Statista, entre 2017 y todo 2025 se destinaron en total unos 9.400 millones de dólares a empresas del sector; la sola primera mitad de 2026 ha concentrado ya 4.390 millones, casi la mitad de esa suma histórica en apenas seis meses, rebasando con facilidad el impulso registrado el año pasado y señalando que esta expansión está lejos de frenarse. La distribución de esa inversión muestra una concentración muy marcada: cerca del 97 % procede de solo tres actores —China, Estados Unidos y Alemania— y el 78 % de todo el capital global recae en seis grandes compañías, mientras que las proyecciones calculan un mercado que pasará de los 5.410 millones actuales a más de 50.270 millones en 2035, lo que explica movimientos como el plan de mil millones de dólares anunciado por Corea del Sur para no quedarse al margen.

 

China se consolida como el líder más decidido, situando a la robótica junto a la inteligencia artificial y los semiconductores como uno de los tres pilares estratégicos de su Plan Quinquenal para convertirse en la primera potencia tecnológica mundial a corto plazo. Su ecosistema combina gigantes como Unitree con decenas de emprendimientos especializados en tres líneas claras: unidades humanoides ya operativas en cadenas de montaje como las propias fábricas de Xiaomi, esfuerzos intensivos por resolver desafíos técnicos pendientes como la motricidad fina en manos y articulaciones, y modelos pensados para el consumo doméstico o comercial a precios accesibles. A su favor cuenta con una ventaja determinante: una cadena de suministro integrada y muy próxima, donde los desarrolladores tienen al alcance inmediato todos los componentes, baterías y procesadores que necesitan, además de una estrecha colaboración con los avances locales en IA que ha llevado a revisiones al alza muy pronunciadas: estimaciones de Morgan Stanley pasaron de prever 14.000 unidades enviadas por empresas chinas en todo 2026 a esperar cerca de 50.000 finalmente.

 

Este avance despierta también respuestas de corte proteccionista que replican tensiones ya vistas en otros sectores tecnológicos. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos ha aprobado la prohibición de importar robots humanoides y cuadrúpedos de nueva generación fabricados en China, alegando riesgos de seguridad nacional, ciberespionaje o interferencias sobre infraestructuras críticas; al mismo tiempo, representantes políticos han reconocido abiertamente que la medida busca dar aire y proteger a la industria robótica propia. Se repite así el esquema de competencia dual: por un lado la carrera tecnológica e industrial por liderar el mercado del futuro, y por otro el uso de herramientas regulatorias y comerciales para frenar avances que se perciben como una amenaza tanto estratégica como económica.

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