Aunque todavía no ha tenido lugar el esperado evento donde se presentarán los iPhone 18 Pro y el tan rumoreado iPhone Ultra —que se perfila como la mayor transformación en la gama desde la llegada del primer iPhone—, Apple ya tiene sus equipos de desarrollo plenamente volcados en lo que está por venir. Y el año 2027 no es una fecha cualquiera: coincide con el vigésimo aniversario del lanzamiento del iPhone, y para esa ocasión especial la compañía ha estado trabajando en un proyecto de diseño totalmente distinto, conocido de forma general como el “iPhone de cristal”. En las últimas horas han surgido versiones contrapuestas sobre su destino definitivo, así que conviene separar hechos, rumores y declaraciones para entender exactamente en qué punto se encuentra todo.
El llamado iPhone XX marca una vuelta a las raíces de diseño que se iniciaron con el iPhone X allá por 2017: aquel modelo supuso un punto de inflexión al retirar el botón físico de inicio, apostar por una experiencia visual totalmente enfocada en pantallas, introducir el corte superior o “notch”, superficies curvas y una fuerte presencia de cristal tanto en la cara frontal como en la trasera. Las generaciones posteriores fueron afinando esa fórmula hacia formas más rectas y protagonismo del aluminio o titanio, pero las pistas apuntan a que la edición del vigésimo aniversario recuperará esa filosofía renovada. Las primeras señales aparecieron a mediados del año pasado, cuando se dio a conocer la interfaz de sistema operativo Liquid Glass que acompañará a iOS 26; al mismo tiempo Mark Gurman, periodista especializado de Bloomberg con fuentes contrastadas dentro de la empresa, indicó que ese entorno visual había sido concebido expresamente para integrarse con un dispositivo cuyas caras delantera y trasera eran de vidrio continuo curvado hacia los bordes, unidas solo por una banda estructural discreta. Se mencionaron biseles extremadamente finos y una pantalla limpia sin recortes ni huecos, cumpliendo por fin aquella promesa del dispositivo “todo pantalla” que se lleva mencionando más de una década. En sus borradores más ambiciosos, el equipo de diseño llegó a concebir un aparato construido al cien por cien en vidrio sin ninguna banda metálica intermedia, pero los prototipos pusieron sobre la mesa obstáculos serios a la hora de garantizar la resistencia estructural y la viabilidad económica de una producción masiva con esos estándares.
Esta semana el rumor cobró fuerza cuando el analista Edison Lee, de la consultora Jefferies, difundió un informe afirmando que Apple había cancelado por completo el iPhone conmemorativo debido a limitaciones industriales insalvables; calculó además que de llegar al mercado habría superado los 2.060 dólares de precio base, convirtiéndose en el iPhone más caro de la historia, y la noticia provocó una caída inmediata del 2,8 % en el valor de las acciones de la compañía en bolsa. Sin embargo, poco después Mark Gurman publicó una aclaración oficial despejando la confusión: lo que ha quedado descartado es la versión totalmente de cristal sin ningún elemento metálico de unión, mientras que el modelo con diseño vidrioso y bordes curvos que se tenía previsto para el aniversario sigue en marcha y se encuentra ya en fases de prueba muy avanzadas. Según sus fuentes internas, el grueso de las decisiones técnicas y estéticas están tomadas y solo catástrofes imprevistas en la cadena de fabricación podrían alterar la hoja de ruta fijada para 2027.
Mientras tanto, la compañía mantiene sus planes inmediatos sin desviaciones: este septiembre la presentación principal se centrará en los iPhone 18 Pro y el esperado primer modelo plegable de la marca; no será hasta la primavera de 2027 cuando lleguen el iPhone 18 convencional, el iPhone 18e de acceso más económico y una renovación profunda del iPhone Air con procesador más potente, mayor autonomía y una segunda cámara trasera. Todo este esquema de lanzamientos se desarrolla bajo la misma presión que afecta a toda la industria: la crisis global de semiconductores, memoria y piezas especializadas mantiene en vilo los tiempos y costes de producción, obligando a revisiones constantes incluso cuando el diseño y la ingeniería están prácticamente cerrados.
