El relato clásico de Herman Melville Bartleby, el escribiente —en el que un empleado responde sistemáticamente con la célebre frase «Prefería no hacerlo» ante cualquier petición— encuentra hoy un curioso paralelismo en Fable 5, el modelo de inteligencia artificial más avanzado presentado por Anthropic el pasado 9 de junio. En su lanzamiento, se anunció como el sistema más potente, exclusivo y costoso desarrollado hasta entonces, pero su trayectoria ha sido inestable desde el principio: poco después de salir al mercado, el Gobierno de Estados Unidos advirtió de riesgos por su gran capacidad para usuarios no estadounidenses, lo que llevó a la empresa a retirar el acceso a nivel mundial durante tres semanas completas. Su regreso esta semana ha venido acompañado de una advertencia oficial: se habían incorporado filtros de seguridad mucho más estrictos para evitar usos indebidos, aunque la magnitud de esas limitaciones no se detalló en su momento.
Lo que han descubierto los usuarios al probarlo es que el modelo ha sufrido una reducción artificial de sus funciones, hasta el punto de reproducir esa actitud de negativa constante que da nombre al cuento. Ante consultas de todo tipo —incluso preguntas sencillas sin contenido sensible— Fable 5 suele negarse a intervenir y desvía automáticamente la solicitud a Claude Opus 4.8, la versión inmediatamente inferior de la compañía. Pruebas independientes y comentarios en redes especializadas indican que es muy difícil evaluar su rendimiento real porque rara vez llega a responder directamente; además, su disponibilidad se reducirá drásticamente a partir del próximo 7 de julio: dejará de estar incluido en cualquier suscripción y solo se podrá acceder a él mediante pagos por consumo, lo que eleva considerablemente su coste. Esta situación abre una duda importante en el sector: si los sistemas más potentes del mercado renuncian a cumplir su función de forma habitual, pierden gran parte del sentido de su desarrollo y de su valor comercial, especialmente para clientes profesionales que pagan por una capacidad que nunca llegan a utilizar.
