Tecnología

Estuve en IFA y me quedé impresionada con los robots humanoides chinos. Hasta que vi lo que había detrás

He leído y aquí tienes la versión ampliada, en párrafos únicamente, tal como prefieres:

 

He escrito bastante sobre robots humanoides y he visto muchos vídeos de ellos en acción; desde prototipos preparándose simbólicamente para coronar el Everest, pasando por aquel que alcanzó velocidades capaces de superar el récord de Usain Bolt, hasta las coreografías de baile que desfilaron con gran despliegue visual durante las celebraciones del año nuevo chino. Sin embargo, por más que los hubiera analizado en pantallas y documentos, aún no los había visto funcionar en persona, y esa experiencia directa me ha dejado una mezcla de asombro genuino y, a la vez, una inesperada dosis de decepción. La semana pasada estuve presente en la IFA, la feria de tecnología de consumo más importante del continente, un evento tradicionalmente centrado en electrodomésticos y dispositivos para el hogar, y tras varios años sin visitar los recintos de Messe Berlín, me encontré con una presencia que antes no era tan marcada: pabellones enteros ocupados por compañías dedicadas a la robótica, entre las que destacaban las firmas chinas que están marcando el ritmo del sector, como Unitree, Galbot, Agibot o UBTech, todas ellas dispuestas a ofrecer espectáculo.

 

El stand de Unitree fue uno de los que mayor afluencia concentró en el pabellón 25, y con razón: aproximadamente cada hora se desarrollaba una exhibición en vivo. Cuando pasé por allí, un robot Unitree G1 ejecutaba movimientos de baile con fluidez, y poco después comenzó una demostración de combate. Había visto grabaciones de ese mismo modelo realizando hazañas que parecían superiores, pero verlo en directo cambia la percepción por completo. Lo primero que llama la atención es la agilidad y la naturalidad de sus desplazamientos, muy cercanas a las de un ser humano, y sobre todo su capacidad de mantenerse en pie: durante el enfrentamiento, a pesar de recibir empujones, lanzar patadas voladoras o tropezar, ninguno de los dos prototipos llegó a caer por completo, recuperando el equilibrio casi de inmediato. No obstante, también se apreciaba con claridad que no todo era perfecto: muchos de los golpes lanzados no alcanzaban su objetivo, una imprecisión que suele pasar desapercibida en vídeos editados o grabados con planos elegidos, pero que se hace evidente cuando se observa la escena desde unos metros de distancia.

 

Recorriendo el mismo pabellón pude ver otras propuestas igualmente llamativas: el Booster K1 driblando y pateando un balón de fútbol, el Galbot G1 atendiendo un mostrador simulado sirviendo bebidas, y el conocido perro robótico de Agibot equipado con ruedas que subía y bajaba escaleras con total soltura. Todo resultaba espectacular, pero mi entusiasmo comenzó a moderarse cuando fijé la atención no solo en lo que hacían las máquinas, sino en lo que ocurría justo a su lado. Existe una imagen extendida entre el público que mezcla fascinación y temor, la idea de que estos androides podrían actuar por su cuenta, tomar decisiones propias y eventualmente volverse contra quienes los crearon. La realidad que pude comprobar en la feria dista mucho, muchísimo, de ese escenario de ciencia ficción.

 

Absolutamente todos los robots que observé estaban siendo dirigidos por personas situadas a escasos metros de ellos, con mandos en las manos, pulsando botones y moviendo palancas tal como quien controla un personaje en un videojuego. No se ocultaban; estaban allí visibles, guiando cada paso, cada gesto y cada movimiento. En ese momento la impresión cambia por completo: por muy avanzada que sea su mecánica, por muy pulida que sea su apariencia, de momento no dejan de ser marionetas de altísima tecnología, pero marionetas al fin y al cabo, que responden a instrucciones externas en tiempo real. Esto no es algo exclusivo de las marcas presentes en Berlín: hace unos meses se presentó con gran expectación el robot Neo de la empresa 1X, descrito como una especie de asistente capaz de desenvolverse en un hogar, y cuando se revelaron sus condiciones reales de funcionamiento se supo que tampoco actúa de forma autónoma, sino que es operado por personas que usan gafas de realidad virtual y sistemas de control remoto.

 

Que hoy dependan de una guía externa no significa que vaya a ser así siempre. El campo de la robótica avanza al compás de los modelos de inteligencia artificial, y los progresos que se están produciendo son rápidos y tangibles. Precisamente esta misma semana Unitree ha presentado UnifoLM-X2-1.0, un sistema que califica como el primero de su clase en impulsar a un robot humanoide mediante un modelo de comprensión del mundo en tiempo real, capaz de planificar acciones y tomar decisiones sin que nadie le indique cada movimiento paso a paso. En su demostración, el prototipo enfrentó a un humano en una especie de combate, no obedeciendo órdenes concretas, sino observando las reacciones de su oponente y decidiendo por sí mismo cómo reaccionar. Por su parte, Bernt Bornich, director ejecutivo de 1X, ha señalado que la teleoperación no debe verse como una solución provisional, sino como una herramienta fundamental para el aprendizaje: la idea es que los robots imiten y estudien cómo actuamos nosotros, acumulando experiencia hasta alcanzar lo que él denomina inteligencia artificial general aplicada al mundo físico.

 

Si el ritmo de avance se mantiene como hasta ahora, es posible que la próxima vez que asista a la IFA, los robots ya no estén acompañados de alguien con un mando en la mano. Puede que sigan fallando jugadas, tropezándose o cometiendo errores, pero al menos serán ellos quienes decidan cómo moverse, qué hacer y hacia dónde ir. Y quizá, solo entonces, sea el momento de empezar a plantearse preguntas de verdad.

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