Más allá del caso de Absalón Vásquez, este episodio vuelve a poner sobre la mesa una estrategia política que el fujimorismo ha utilizado en distintos momentos de las últimas décadas: presentarse bajo nuevas siglas, nuevos liderazgos o plataformas aparentemente independientes, sin renunciar a su identidad política de origen.
La fragmentación del espacio conservador no necesariamente ha significado el abandono del proyecto político fujimorista. Por el contrario, diversas figuras históricas del régimen de los años noventa han reaparecido en diferentes organizaciones, buscando ampliar su alcance electoral entre ciudadanos que, probablemente, no respaldarían una candidatura identificada abiertamente con el color naranja.
Esta forma de actuar ha permitido que antiguos cuadros del fujimorismo participen en elecciones bajo otros símbolos y discursos, proyectando una imagen de renovación o independencia. Sin embargo, una vez conocidos los resultados electorales, no pocas veces afloran las coincidencias ideológicas, las alianzas parlamentarias y las lealtades políticas que terminan configurando un mismo bloque de poder.
Las declaraciones de Martha Moyano sobre Absalón Vásquez resultan ilustrativas en ese sentido. La propia dirigente de Fuerza Popular reconoció públicamente que el hoy senador de Renovación Popular «es fujimorista» y que fue uno de los colaboradores más cercanos de Alberto Fujimori. Es decir, la identificación política permanece, aunque el vehículo electoral haya cambiado.
Corresponde a la ciudadanía observar con atención no solo los nombres de los partidos o los nuevos discursos de campaña, sino también la trayectoria, los antecedentes y las alianzas de quienes aspiran a ejercer el poder. En democracia, el voto informado exige mirar más allá de los colores y los eslóganes para identificar los proyectos políticos que realmente representan los candidatos.
