Durante décadas, cuando se hablaba de innovación tecnológica, había un destino inevitable: Silicon Valley. Desde esa franja del norte de California se impulsaron avances que marcaron la vida de millones de personas en todo el mundo. Allí crecieron empresas que hoy forman parte de nuestro día a día, como Apple, Google, Nvidia, Adobe o Netflix, y allí se forjó también un imaginario cultural que convirtió a Silicon Valley en sinónimo de modernidad. El término no solo define un lugar, también es una marca que hemos visto en series, películas y hasta en la forma en que pensamos la tecnología.Hoy, sin embargo, otras regiones del planeta empiezan a reclamar su espacio, con la ambición de equilibrar, o al menos acercarse, al peso simbólico y económico de esa cuna californiana de la innovación. Y en esa pugna, uno de los movimientos más llamativos llega desde China. Shanghái ha puesto en marcha un proyecto que busca transformar Zhangjiang, en Pudong, en lo que podríamos interpretar como su propio Silicon Valley de la inteligencia artificial. La meta es tan concreta como descomunal: crear un ecosistema con 1.000 nuevas empresas de IA de aquí a 2030, alcanzar un volumen industrial de 100.000 millones de yuanes, uno 12.000 millones de euros al cambio, y levantar un centro de innovación con influencia global, según la agencia estatal Xinhua.Son cifras que imponen respeto. Si el anuncio viniera de cualquier otra parte del mundo, podría sonar más a aspiración que a plan tangible. Porque reunir un millar de startups de inteligencia artificial en apenas cinco años, mover más de 10.000 millones de euros en tan poco tiempo y pretender además influencia mundial no es precisamente una tarea sencilla. Pero hablamos de China, un país que en los últimos años ha demostrado ser capaz de convertir sus anuncios en realidades.
