Japón es un país que no se deja de conocer, lleno de costumbres que a ojos occidentales resultan peculiares, y una de ellas tiene que ver con las salas recreativas, especialmente las dedicadas a tragaperras y máquinas de gancho, donde una cadena llamada Bennex ofrece un servicio particular: cuenta con entrenadores que ayudan a los clientes a mejorar sus resultados en las máquinas, aunque detrás de esta atención aparente se esconde una lógica comercial muy calculada. Lo que antes eran las máquinas de videojuegos las protagonistas del sector, hoy son las de premios tipo ‘UFO catcher’ y gachapones las que sostienen el negocio: su cuota de ingresos ha pasado del 20% en los años noventa a más del 60% actual, hasta el punto de que en 2024 las máquinas de premios movieron unos 417.000 millones de yenes, más del doble que una década atrás y representando el 70% de las ventas totales del sector, instalándose incluso en espacios de tiendas de conveniencia y salones dedicados casi en exclusiva a ellas.
Mientras que en otros establecimientos el personal se limita a recolocar los premios cuando caen mal, en Bennex los entrenadores van mucho más allá: explican dónde enganchar el objeto, qué ángulos elegir, cómo influye la forma y el peso del premio en el resultado, cuándo conviene cambiar de máquina y hasta permiten practicar en una máquina con tiradas gratuitas antes de apostar en las de verdad. Todo esto no es altruismo: saben que si el jugador gana con frecuencia y entiende que hay una estrategia detrás y no solo suerte, jugará más tiempo y gastará más dinero, evitando que se frustre y se vaya sin gastar todo lo previsto. Al convertir lo que parecía un juego de puro azar en algo que se puede dominar con técnica, logran fidelizar a su clientela: esa es la verdadera razón de ser de estos entrenadores, el gancho que mantiene a los clientes jugando y gastando, donde la emoción de conseguir el premio se mezcla con la sensación de haber logrado algo con habilidad.
