En los últimos procesos electorales en el Perú, las encuestas han pasado de ser simples instrumentos de medición de la opinión pública a convertirse, en muchos casos, en herramientas que contribuyen a moldearla. En lugar de reflejar únicamente las preferencias ciudadanas, ciertos sondeos parecen orientados a construir corrientes de opinión favorables a determinados sectores políticos.
En varios estudios recientes se observa un patrón que llama la atención: los candidatos que aparecen como “favoritos” pertenecen mayoritariamente a un mismo espectro ideológico. Esta reiteración, amplificada por los grandes medios de comunicación, instala en la opinión pública la idea de que solo algunos actores tienen posibilidades reales de disputar el poder. De esta manera se configura un escenario político reducido, donde otras opciones son invisibilizadas o relegadas al rubro de “otros”.
Este fenómeno no es menor. Cuando una encuesta se difunde masivamente y se repite constantemente en televisión, radio y prensa escrita, puede generar lo que los analistas llaman el “efecto de arrastre” o “voto útil”: muchos ciudadanos terminan inclinándose por los candidatos que aparecen mejor posicionados, no necesariamente porque representen sus convicciones, sino porque creen que son los únicos con posibilidades reales de ganar.
La historia electoral peruana demuestra, sin embargo, que las encuestas no siempre han logrado anticipar con precisión el comportamiento final del electorado. En diversas elecciones, candidatos que aparecían rezagados en los sondeos terminaron obteniendo resultados mucho mayores en las urnas. Esto revela que existe una diferencia significativa entre la opinión publicada y la verdadera decisión que los ciudadanos toman en el momento de votar.
A ello se suma un problema metodológico que pocas veces se discute públicamente. Las encuestas dependen de muestras relativamente pequeñas de la población, lo que implica márgenes de error que pueden alterar significativamente la interpretación de los resultados. Además, existen fenómenos como el “voto oculto” o la indecisión de última hora, que pueden modificar el panorama electoral en los días finales de campaña.
Por estas razones, resulta legítimo preguntarse si algunos estudios de opinión no responden también a intereses políticos o económicos. El Perú tiene antecedentes históricos que obligan a mantener una mirada crítica. Durante la década de 1990, bajo el régimen.
Ejemplos históricos de encuestas que no reflejaron el resultado final
Elecciones presidenciales del 2006
En la campaña electoral de 2006, gran parte de las encuestas durante los meses previos situaban a Lourdes Flores como una de las favoritas para pasar a la segunda vuelta. Sin embargo, en el tramo final de la campaña el panorama cambió rápidamente. Finalmente, quienes pasaron al balotaje fueron Ollanta Humala y Alan García, mientras que Lourdes Flores Nano quedó en tercer lugar por un margen muy estrecho.
Este caso se convirtió en uno de los ejemplos más citados de cómo las encuestas pueden no captar con precisión los cambios de última hora en el electorado.
Elecciones presidenciales del 2016
En 2016, durante gran parte de la campaña electoral, las encuestas mostraban una competencia centrada principalmente entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski. Sin embargo, el crecimiento inesperado de Verónika Mendoza en las semanas finales sorprendió a muchos analistas.
Aunque no logró pasar a la segunda vuelta, su ascenso mostró cómo el electorado puede moverse rápidamente en el tramo final, algo que las encuestas no siempre registran con precisión.
Elecciones presidenciales del 2021
Uno de los casos más llamativos ocurrió en las elecciones de 2021. Durante gran parte de la campaña, el entonces candidato Pedro Castillo aparecía con porcentajes muy bajos o incluso dentro del grupo de “otros” en algunas encuestas.
Sin embargo, en las últimas semanas su candidatura experimentó un crecimiento acelerado, especialmente en zonas rurales y del interior del país, lo que lo llevó a obtener el primer lugar en la primera vuelta y posteriormente ganar la presidencia en segunda vuelta frente a Keiko Fujimori.
Este episodio evidenció que existen sectores del electorado que no siempre son captados adecuadamente por las encuestas, particularmente en regiones alejadas o en contextos de voto silencioso.
Qué enseñan estos casos
Estos ejemplos muestran varios factores que pueden explicar por qué las encuestas fallan o resultan imprecisas:
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Cambios de opinión en las últimas semanas de campaña.
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Voto oculto, cuando los electores no declaran su preferencia real.
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Dificultades para medir zonas rurales o sectores alejados.
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Altos niveles de indecisión entre los votantes.
Por eso, muchos analistas sostienen que las encuestas deben interpretarse con cautela: no son predicciones absolutas, sino fotografías momentáneas del clima electoral.





