Los países de América Latina iniciaron 2026 con aumentos en el salario mínimo en medio de una desaceleración de la inflación, en un intento por sostener el poder de compra de los trabajadores, según un relevamiento de Bloomberg Línea basado en datos oficiales.
En ese escenario, los niveles más altos en dólares se concentran en economías como Costa Rica, Uruguay y Chile, que superan o rozan los 600 dólares mensuales, consolidándose como los países que mejor remuneran el ingreso básico en la región.
Costa Rica encabeza el ranking, con un salario mínimo cercano a los 750 dólares para trabajadores no calificados, tras un ajuste aplicado desde enero de 2026. Le siguen Uruguay, con unos 648 dólares, y Chile, que alcanza aproximadamente 597 dólares mensuales.
En un segundo escalón aparecen países como México (533) y Colombia (446), ambos con incrementos significativos para este año, en especial en el caso colombiano, que aplicó una de las subas más fuertes de la región (+23,8 %). Panamá presenta uno de los niveles más altos de la región en términos promedio (unos 636 dólares), aunque el país no cuenta con un salario mínimo único, sino con escalas diferenciadas según la actividad económica y la región.
Otros niveles salariales
También se ubican en niveles intermedios economías como Ecuador, con un salario mínimo de 482 dólares, y Paraguay, que alcanzan los 428 dólares tras el último reajuste aprobado por el gobierno.
Más atrás, aunque con aumentos recientes, se encuentran Perú (335), Bolivia (344) y Argentina (233), cuyos salarios mínimos se ubican por debajo de los 350 dólares mensuales al tipo de cambio de referencia, reflejando una menor capacidad de compra relativa.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, el salario mínimo real —es decir, ajustado por inflación— mostró mejoras en la mayoría de los países de la región en los últimos años, con incrementos que van del 10 % al 60 % desde 2012.
Sin embargo, el organismo advierte que el impacto real de estos ingresos varía según factores estructurales como la informalidad, la inflación y la presión fiscal, lo que explica por qué, aun con subas generalizadas, las brechas entre países siguen siendo marcadas.
