La Iglesia ha mantenido históricamente una misma postura ante cada gran avance tecnológico: reconoce su valor, pero advierte siempre sobre sus riesgos si no se orientan al bien común. Ya a finales del siglo XV, con la llegada de la imprenta, el papa Inocencio VIII la elogió como herramienta providencial, pero en su bula Inter multiplices de 1487 alertó que podía difundir también ideas falsas o herejías, imponiendo desde entonces controles que terminaron en el famoso índice de libros prohibidos. Siglos después, León XIII publicó Rerum Novarum (1891) para responder a la Revolución Industrial, denunciando que el poder y la riqueza quedaban en manos de muy pocos, convirtiendo a los trabajadores en algo parecido a esclavos. El mismo patrón se repitió con el cine: en 1936, Pío XI advirtió que sin regulación estricta se volvería un instrumento de manipulación y corrupción, y años más tarde Pío XII amplió esa advertencia a la radio y la televisión. También hubo llamadas de atención ante el peligro nuclear o técnicas biomédicas controvertidas, aunque curiosamente nunca se redactó un documento completo dedicado a internet, móviles o redes sociales, temas que solo se trataron en mensajes breves.
Por eso resulta muy significativo que el papa León XIV haya publicado ahora Magnifica Humanitas, una encíclica entera centrada en la inteligencia artificial, apenas tres años después del despegue mundial de esta tecnología. El pontífice, que tiene formación universitaria en matemáticas, sigue la línea tradicional de la Iglesia: entiende el progreso como parte de la creatividad humana, pero insiste en que debe estar siempre supeditado a la dignidad de la persona. El documento, de unas 40.000 palabras —equivalente a una novela corta—, recuerda que siempre que surge una innovación disruptiva, el Vaticano actúa como freno ético para recordar que la técnica no puede pasar por encima de lo humano. Es la primera vez que se dedica un texto tan completo a una tecnología tan reciente, marcando un hito en la enseñanza eclesiástica sobre el mundo digital.
El mensaje principal de Magnifica Humanitas es claro y contundente. León XIV alerta de que grandes empresas tecnológicas, hiperescaladores y desarrolladores dominan hoy el mercado, y que ese poder comercial se traduce también en influencia moral, llegando a imponer sus criterios al mundo entero con más alcance que el que tuvieron el cine o la televisión. También advierte sobre el “desplazamiento cognitivo”, el riesgo de que las personas dejen de pensar o reflexionar por sí mismas y prefieran que sean los algoritmos quienes decidan, opinen o resuelvan todo por ellas. No rechaza la IA ni sus beneficios, pero insiste en que debe ser controlada, regulada y mantenida siempre como una herramienta al servicio del ser humano, y nunca al revés.
