Tecnología

No sabemos si los universitarios están utilizando la IA. Sí sabemos que están sacando más sobresalientes que nunca

El uso sin control de herramientas de inteligencia artificial para realizar deberes, trabajos o prácticas está generando un grave problema en la educación: lo que expertos denominan ya como “inflación de las notas”. A simple vista parece positivo que cada vez haya más alumnos con calificaciones excelentes, pero la realidad es muy distinta: esos resultados no reflejan el conocimiento o el esfuerzo real del estudiante, sino el uso de tecnologías como ChatGPT, que están distorsionando completamente el sistema de evaluación en todo el mundo. Un estudio publicado por Igor Chirikov en mayo de 2026 analizó datos de medio millón de alumnos en la Universidad de Texas y confirmó que, desde la llegada de esta tecnología en 2022, el número de sobresalientes aumentó un 30 %. El dato más revelador es que este crecimiento es mucho mayor en asignaturas donde las tareas realizadas en casa tienen más peso en la nota, lo que demuestra que la IA no se está usando para aprender mejor, sino para sustituir el trabajo propio. El fenómeno afecta especialmente a carreras con muchos trabajos escritos, como Periodismo o Económicas, y también a áreas técnicas como Informática, donde los modelos son muy efectivos para resolver ejercicios. Sin embargo, hay una consecuencia clara: aquellos alumnos que dependen siempre de estas herramientas sufren una caída de hasta el 17 % en sus resultados cuando deben realizar un examen presencial y tradicional, demostrando que sin ayuda externa no han adquirido los conocimientos necesarios.

 

Este problema no es nuevo, pero la IA lo ha agravado enormemente. En Estados Unidos, las universidades llevaban tiempo sufriendo presiones para ser menos estrictas, ya que centros con normas duras reciben peores valoraciones y atraen a menos estudiantes. Un ejemplo claro es Harvard, donde el porcentaje de sobresalientes pasó del 24 % en 2005 al 60,2 % en 2025, un crecimiento que coincide con la popularización de estas herramientas tecnológicas. En Europa y España la situación es muy parecida: según datos recientes, el 89 % de los universitarios admite usar inteligencia artificial para redactar informes o incluso sus Trabajos de Fin de Grado, considerándola una ayuda habitual y necesaria para obtener mejores calificaciones. Lo más preocupante para las instituciones es que esta práctica se ha normalizado tanto que para muchos alumnos es ya parte de su forma de trabajar, sin verlo como una forma de engaño, sino como una herramienta más disponible.

 

  1. Mientras el uso de estas tecnologías crece de forma masiva, el sistema educativo sigue sin tener las herramientas necesarias para hacerle frente. Según una encuesta realizada al profesorado, el 61 % confiesa que no dispone de software ni métodos fiables para detectar si un trabajo ha sido hecho por una persona o generado totalmente por inteligencia artificial. Esta falta de recursos crea una situación desigual e injusta, donde quienes dedican tiempo y esfuerzo real obtienen resultados similares a quienes simplemente piden a un algoritmo que redacte o resuelva las tareas. El reto actual ya no es solo detectar el uso de la IA, sino replantear por completo qué y cómo se evalúa, para garantizar que las calificaciones vuelvan a medir realmente el aprendizaje y las capacidades que el alumno ha desarrollado, y no su habilidad para usar herramientas externas.

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