El calendario electoral avanza. Según las normas vigentes, los partidos políticos ya han definido la forma en que elegirán a sus candidatos para las elecciones generales de 2026: unos a través de delegados, otros mediante la modalidad “un militante, un voto”. Pero en la práctica, esta elección interna se ha convertido en un trámite sin legitimidad ciudadana.
De las 39 agrupaciones políticas inscritas, 37 han optado por delegados, en algunos casos menos de diez personas decidirán quién postula a la Presidencia de la República. La norma que establecía primarias abiertas y obligatorias, que hubiera permitido a la ciudadanía conocer, comparar y evaluar opciones reales, fue derogada, mutilada y vilipendiada por la actual coalición gobernante.
Así se cerró deliberadamente la posibilidad de un proceso ordenado, competitivo y transparente. En vez de fortalecer la democracia interna, se ha promovido la fragmentación y el control cupular, abriendo la puerta a más de 40 candidaturas presidenciales.
Este escenario no es casualidad: es una estrategia. Mientras más candidatos existan, más se dispersa el voto y menos capacidad tiene la ciudadanía de elegir con información y responsabilidad. Las cúpulas partidarias lo saben. Por eso armaron este esquema a su medida, para conservar poder y proteger intereses.
Oficina Nacional de Procesos Electorales reporta casos tan absurdos como partidos con 30 mil afiliados que elegirán a su candidato con apenas seis o siete delegados. También alianzas con un solo delegado. Un voto bastará para definir una lista presidencial. Legal, sí. Pero absolutamente ilegítimo.
Los expertos electorales lo han dicho: esto no representa a la militancia, menos aún a la ciudadanía. Es el retorno a la vieja política de cúpulas cerradas y acuerdos bajo la mesa. Un sistema hecho para mantener a los mismos en el poder.
Se eliminó la oportunidad de que los peruanos participaran en una primera selección de candidatos. Se perdió un filtro democrático que hubiera permitido depurar opciones, visibilizar propuestas serias y elevar el nivel del debate público.
Hoy, en cambio, el voto ciudadano llegará tarde y en medio de una selva de candidaturas improvisadas. No se trata solo de un problema técnico. Es un golpe directo a la calidad de la democracia.
Por eso debemos decirlo con claridad: este desmantelamiento de las primarias es una decisión política premeditada, no un accidente. Y los responsables son los partidos de la coalición que hoy controla el Congreso y el Ejecutivo. No quieren un sistema con ciudadanos empoderados. Quieren uno fácil de manipular.
En una democracia sana, las primarias son un instrumento para abrir las puertas de la política. En el Perú, las cerraron de un portazo.
