El reciente informe del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) sobre las firmas falsas en los padrones de afiliación de partidos políticos ha generado titulares y polémica. Sin embargo, el tratamiento mediático del tema parece más sensacionalista que riguroso. ¿De verdad podemos hablar de “fábricas de firmas” cuando se detectan 30 o 50 irregularidades en un padrón de miles de afiliados?
Como ciudadanos, hemos sido testigos de casos en los que partidos políticos han presentado miles de firmas fraudulentas —basta recordar los antecedentes de Fuerza Popular, con firmas sustraídas de archivos— y eso sí constituye un problema estructural. Pero el hallazgo actual es de otra naturaleza y merece ser analizado con serenidad.
Un padrón de afiliados puede presentar errores por diversas razones:
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Falsificación real de firmas, que debe ser sancionada.
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Errores de digitación o archivo en la recolección de datos.
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Desistimiento posterior del firmante, que puede alegar no haber consentido la afiliación por presiones sociales, familiares o amicales.
Sancionar o estigmatizar a organizaciones enteras —que incluyen en sus directivas a personas con reconocida trayectoria democrática y ética, como Marisol Pérez Tello— puede convertirse en un abuso si no se contextualiza correctamente el alcance del problema.
Los peritos del JNE han confirmado 32 firmas falsas en el padrón de Primero la Gente y 4 en Perú Acción. Esto, frente a más de 500 fichas “dudosas” revisadas, sugiere que el sistema de fiscalización funciona y que los casos detectados son puntuales, no una evidencia de fraude masivo.
El verdadero reto para la autoridad electoral no es solo detectar estas anomalías, sino garantizar que los procesos de afiliación sean transparentes, auditables y libres de coerción, de modo que se proteja el derecho ciudadano y la reputación de quienes participan en política de manera honesta.
En tiempos de desconfianza generalizada, el JNE debe actuar con firmeza, pero también con prudencia. La democracia necesita instituciones que corrijan irregularidades sin caer en el linchamiento mediático ni en el debilitamiento innecesario de los partidos que intentan hacer política de manera seria
