Medio Ambiente

Un estudio con 3.735 especies demostró que los bosques tropicales recuperados controlan la proliferación de árboles foráneos

Las especies arbóreas exóticas que colonizan las selvas tropicales en regeneración alcanzan su máxima expansión durante las dos primeras décadas, pero retroceden de forma consistente a medida que los árboles nativos cierran el dosel y reducen la luz disponible, según un estudio internacional publicado en la revista Nature Plants y liderado desde la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo (Esalq-USP).

La investigación —la más amplia realizada hasta ahora sobre el tema en la región— reunió a 66 autores de unas 60 instituciones que analizaron datos de 1.561 parcelas de bosques secundarios distribuidas en 58 cronosecuencias de diez países neotropicales: Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Guayana Francesa, México, Panamá, Perú, Puerto Rico y Venezuela, según informó la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (Fapesp).

El equipo clasificó 3.735 especies leñosas por origen y potencial invasor. De ese total, 131 fueron catalogadas como no nativas y no invasoras, 14 como no nativas y potencialmente invasoras, y 11 como no nativas e invasoras, de acuerdo con el artículo publicado en Nature Plants.

En las selvas húmedas, las especies foráneas llegaron a constituir el 28% de los individuos y el 22% de la diversidad de especies durante los primeros 10 a 20 años de sucesión. En los bosques secos, ambos indicadores se situaron en torno al 9%. Sin embargo, tanto la densidad como la riqueza de estas plantas declinaron de manera acentuada tras ese pico inicial.

“Llamó nuestra atención que tanto la diversidad de especies como la cantidad de individuos cayeran considerablemente poco después de ese pico inicial”, señaló Angélica Faria de Resende, primera autora del estudio e investigadora posdoctoral en el Laboratorio de Silvicultura Tropical de la Esalq-USP, en declaraciones recogidas por Fapesp.

El mecanismo que explica esta caída es la dinámica propia de la sucesión forestal. En los terrenos recién abandonados —antiguas pasturas o tierras agrícolas—, la luz solar llega sin obstáculos al suelo y favorece a las plantas de crecimiento rápido, tanto nativas pioneras como exóticas. A medida que los árboles nativos de crecimiento lento germinan bajo la sombra y ganan altura, sus copas se cierran y reducen drásticamente la radiación que alcanza el sotobosque.

“Las especies no nativas son oportunistas y se aprovechan cuando las condiciones les son favorables”, resumió Resende. Según la investigadora, cuando el dosel se cierra y el ambiente deja de ser propicio para plantas que dependen de plena exposición solar, estas persisten únicamente en bajas densidades.

La preocupación inicial por la presencia de estas plantas no carece de fundamento. “Al sustituir el papel de una o más especies nativas y alterar procesos naturales, las invasoras pueden modificar las redes tróficas y la diversidad funcional, estructural y biológica del bosque”, explicó Resende, según el comunicado de Fapesp.

El cruce de datos ambientales y socioeconómicos arrojó patrones definidos. La riqueza de especies no nativas creció en las zonas con mayor Índice de Desarrollo Humano (IDH), un indicador que los autores vinculan con el comercio internacional y la mayor presión de introducción de plantas foráneas. En sentido opuesto, tanto la densidad como la abundancia de árboles exóticos disminuyeron conforme aumentaban la cobertura forestal circundante, la proximidad a áreas agrícolas y el volumen de precipitaciones, según los datos del estudio.

Pedro Henrique Santin Brancalion, coautor del trabajo y docente de la Esalq-USP, destacó en declaraciones difundidas por la universidad que “la conservación del entorno forestal funciona como una barrera ecológica que limita la expansión de especies invasoras”.

El estudio también abordó las dificultades para establecer categorías uniformes. En Brasil, el pino (Pinus elliottii), originario del hemisferio norte, dispersa semillas por el viento y germina sin intervención humana, por lo que se lo considera invasor. El eucalipto (Eucalyptus spp.), nativo de Oceanía, no se propaga por sí solo y solo crece donde se lo planta con fines madereros o de producción de celulosa, lo que lo ubica en la categoría de no invasor.

“En algunos países, los criterios científicos no siempre son suficientes y la decisión de clasificar una especie como invasora acaba siendo política, ya que los organismos gubernamentales son los responsables de emitir las listas oficiales de especies invasoras. Algunas se usan ampliamente en la agricultura, se perciben como beneficiosas para la economía y, por lo tanto, no se consideran invasoras”, advirtió Resende, según recogió Fapesp.

El relevamiento detectó que varias especies catalogadas como no nativas y no invasoras superaron el 25% de los troncos muestreados en determinadas parcelas. Entre ellas figuran Croton glabellus y Leucaena leucocephala en Colombia, Piper colonense en Costa Rica, Hovenia dulcis en Brasil y Lagerstroemia speciosa en Panamá.

Dado que una selva tropical necesita décadas para madurar, los investigadores emplearon un enfoque de cronosecuencias: en lugar de monitorear un mismo sitio durante un siglo, compararon parcelas de distintas edades dentro de una misma región, desde terrenos recién abandonados hasta bosques maduros. En cada parcela, identificaron y midieron todos los árboles que superaban un diámetro determinado, lo que les permitió reconstruir la trayectoria de la vegetación a lo largo del tiempo.

“Nuestros hallazgos sugieren que la regeneración natural de los bosques y el mantenimiento de paisajes relativamente intactos proveen una solución basada en la naturaleza para controlar las especies no nativas, al tiempo que protegen la biodiversidad, la integridad del ecosistema y los modos de vida locales”, concluyó la investigadora.

Parte de las áreas monitoreadas forma parte del proyecto NewFor (Understanding Restored Forests for the Benefit of People and Nature), financiado por Fapesp y la Organización Neerlandesa para la Investigación Científica (NWO). El estudio completo fue publicado en el volumen 12 de Nature Plants (páginas 1.442-1.454) con el DOI 10.1038/s41477-026-02327-3.

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