PorMarilyn Corrales Valqui
Este domingo 7 de junio de 2026, el Perú vuelve a las urnas para elegir presidente. Lo hace en un contexto que ningún otro país de América Latina replica con tanta nitidez: en diez años, el país ha tenido ocho presidentes, una sucesión de destituciones, renuncias y golpes que han convertido la inestabilidad en el rasgo más constante de su sistema político. Quien gane este domingo será el noveno jefe de Estado en ese periodo. Y, como en las tres elecciones anteriores, la decisión pasa por el mismo pulso: Keiko Fujimori contra el candidato que encarna a la izquierda peruana.
Esta vez, ese candidato es Roberto Sánchez, el exministro que más tiempo duró en el convulso gobierno del izquierdista Pedro Castillo (2021-2022) y que compite en nombre del expresidente encarcelado, condenado a 11 años y 5 meses de prisión por conspiración para la rebelión tras su fallido intento de disolver el Congreso en diciembre de 2022.
Una ilustración en acuarela muestra a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez sonriendo, sus rostros sobre el fondo de la bandera de Perú. (Imagen Ilustrativa Infobae)Una década de ocho presidentes
Para entender por qué este balotaje tiene el peso que tiene, hay que mirar la última década. Desde 2016, el Perú ha visto desfilar por Palacio de Gobierno a Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), Martín Vizcarra (2018-2020), Manuel Merino (2020, duró seis días), Francisco Sagasti (2020-2021), Pedro Castillo (2021-2022), Dina Boluarte (2022-2025), José Jerí (menos de cinco meses) y José María Balcázar. Ninguno terminó su mandato de manera regular.
En el trasfondo de ambas candidaturas hay dos golpes de Estado separados por 30 años de resultado dispar. El “autogolpe” de Alberto Fujimori en 1992 le permitió al padre de Keiko afianzarse en el poder durante ocho años más, hasta que renunció por fax desde Japón en 2000 y fue posteriormente condenado a 25 años de cárcel por violaciones a los derechos humanos y corrupción. El autogolpe de Pedro Castillo en diciembre de 2022 fue calamitoso: a las pocas horas de anunciar la disolución del Congreso, fue destituido y detenido. Ambos expresidentes terminaron en prisión. Sus herederos políticas se enfrentan este domingo.
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Esta ilustración en acuarela representa a varios presidentes peruanos que han ocupado el Palacio de Gobierno, junto a una enigmática silueta con un signo de interrogación que simboliza la incertidumbre política del país. (Imagen Ilustrativa Infobae)El dilema que se repite en los últimos 15 años
Por cuarta vez consecutiva, el Perú decide su presidente en una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y quien encarna el voto antifujimorista. En 2011 ese papel lo ocupó Ollanta Humala; en 2016, Pedro Pablo Kuczynski; en 2021, Pedro Castillo. Los tres ganaron con márgenes ajustados: las dos últimas victorias se resolvieron por apenas 40.000 votos, lo que derivó en escrutinios lentos, impugnaciones masivas y crisis poselectorales que se extendieron semanas.
Fujimori no reconoció los resultados en 2016 ni en 2021. En la última elección denunció fraude sin presentar pruebas e intentó anular miles de votos para revertir el resultado a su favor. En esta campaña llegó a anticipar que “no nos la vuelven a hacer”, en referencia a un posible nuevo cuestionamiento electoral, y organizó el reclutamiento de 100.000 observadores para su partido.
Todo indica que el resultado del domingo volverá a ser estrecho y serán 27 millones de peruanos quienes elijan entre la heredera del fujimorismo o el heredero del sombrero castillista de la izquierda.
Keiko Fujimori va por su cuarto intento
Keiko Fujimori, de 51 años, llega a su cuarta segunda vuelta en condiciones distintas a las anteriores: sin su padre Alberto Fujimori, fallecido en septiembre de 2024; sin el juicio por lavado de activos que acumuló más de 500 días de detención y que el Poder Judicial archivó en enero de 2026 por sentencia del Tribunal Constitucional; y sin su exesposo Mark Vito Villanella, del que se divorció en 2022.
Fundadora de Fuerza Popular y congresista desde 2006, obtuvo el 17,19% en la primera vuelta. Su plan “Perú con Orden” propone 1.000 patrulleros inteligentes, 10.000 cámaras y cuatro mega penales en seguridad; reducir el déficit fiscal al 1% del PBI y atraer entre USD 5.000 y 7.000 millones anuales de inversión en economía; y reducir la pobreza al 15% en cinco años. Prometió gobernar un solo mandato y se presentó como candidata de la “reconciliación nacional”. Niega haber contribuido a la inestabilidad política de la última década, pese a que los votos del fujimorismo participaron en la mayoría de las destituciones presidenciales de ese periodo.
Roberto Sánchez y el sombrero de Castillo
Roberto Sánchez, de 57 años, compite en nombre del encarcelado expresidente Pedro Castillo —condenado a 11 años y 5 meses de prisión— y defiende su libertad. Psicólogo egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, fue el único ministro que sobrevivió a todos los cambios de gabinete de Castillo. Cuando el expresidente intentó disolver el Congreso en 2022, Sánchez renunció horas antes y se abstuvo de votar la moción de vacancia, postura que lo separó del naufragio político sin romper con la base castillista.
Su marca de campaña fue el sombrero chotano de Castillo. En el tramo final moderó su discurso económico, nombró como asesor a Pedro Francke y prometió respetar la inversión privada y la independencia del banco central. Mantuvo, sin embargo, su propuesta de referéndum para reemplazar la Constitución de 1993 y un impuesto a las ganancias “extraordinarias” del sector minero. Afronta una solicitud fiscal de cinco años y cuatro meses de prisión por presunto falseamiento de aportes partidarios. Anticipó que, si gana y la obstrucción parlamentaria impide gobernar, renunciará en bloque con sus vicepresidentas para convocar elecciones extraordinarias.
El candidato izquierdista Roberto Sánchez habla durante una reunión con integrantes de la Asociación de Prensa Extranjera en el Perú (APEP) este viernes, en Lima (Perú). EFE/Paolo AguilarElecciones que exigen más que promesas a los candidatos
Las elecciones se celebran bajo un clima de inseguridad causado por el auge del crimen organizado. Las extorsiones a comerciantes y los asesinatos de conductores de transporte público se convirtieron en la principal preocupación de los peruanos, por encima de la corrupción y la economía, según encuestas previas a la votación.
La primera vuelta del 12 de abril estuvo marcada por problemas logísticos que causaron grandes retrasos en la apertura de locales de votación en Lima, lo que alimentó las denuncias de fraude lanzadas sin pruebas por López Aliaga. Para esta segunda vuelta, la ONPE reasignó 44 locales de votación y reubicó 549 mesas de sufragio para corregir los problemas de la primera jornada.
Ciudadanos ingresan a un local de votación en Lima, Perú, bajo un gran cartel de la ONPE que identifica el centro, marcando el inicio de una jornada electoral ordenada y concurrida. (Imagen Ilustrativa Infobae)El resultado del domingo dependerá, en buena medida, del comportamiento del voto rural —territorio históricamente favorable a Sánchez— y del voto urbano de Lima, donde Fujimori mostró mayor penetración en la primera vuelta. Si la diferencia es estrecha, el escrutinio puede extenderse días, como ocurrió en 2021, cuando la proclamación del ganador llegó más de un mes después de la votación. El JNE proclamará al presidente electo con tiempo suficiente para que asuma el cargo el 28 de julio de 2026.
