Antes de convertirse en una de las empresas líderes mundiales en creatividad digital, Adobe nació con un propósito mucho más concreto: solucionar un gran obstáculo de la informática temprana. En esa época, no existía garantía de que lo que se diseñaba en una computadora se reprodujera igual en el papel. Las impresoras comunes de matriz de puntos ofrecían una calidad muy baja, mientras que los equipos profesionales de composición gráfica costaban más de 150.000 dólares y requerían procesos muy complicados, dejando un vacío importante entre opciones accesibles y resultados de calidad.
El punto de inflexión ocurrió en el centro de investigación Xerox PARC, donde ya se experimentaba con la impresión láser, pero el sistema utilizado solo funcionaba con diseños sencillos y fallaba ante proyectos complejos, mostrando siempre el aviso de “página demasiado compleja”. El ingeniero John Warnock, que ya había aprendido la importancia de crear herramientas independientes del hardware al trabajar en un simulador del puerto de Nueva York, se unió a Charles Geschke para desarrollar Interpress, un lenguaje estándar que resolvía el problema. Sin embargo, la empresa decidió mantenerlo solo para uso interno y no compartirlo con el mercado.
En 1982, ambos investigadores dejaron Xerox y fundaron Adobe, con la idea inicial de ofrecer servicios de impresión hasta que sus asesores los animaron a enfocarse en el desarrollo de software. Así surgió PostScript, un lenguaje portable y abierto que cualquier fabricante podía integrar en sus dispositivos. Esta innovación permitió por primera vez imprimir con precisión cualquier tipo de diseño, revolucionando la industria, creando las bases de la autoedición moderna y abriendo el camino para que años después la compañía se convirtiera en el gigante tecnológico que conocemos hoy.
