Política

¿Y cuál era el plan para Lima, señor López Aliaga?

Si para usted no se puede llegar a la Presidencia sin una hoja de ruta, tampoco debería pretender volver a gobernar Lima sin explicar qué ciudad dejó planificada y qué proyectos estratégicos quedaron realmente encaminados.

Hay preguntas que, cuando se formulan desde el poder político, parecen contundentes. Pero adquieren todavía más fuerza cuando se las devuelve a quien las pronuncia.

Rafael López Aliaga acaba de cuestionar a la presidenta Keiko Fujimori con una frase que no deja lugar a medias tintas: “¿Para qué diablos te metes a ser presidenta si no tienes un plan?”. Según sus declaraciones, el país necesita una hoja de ruta para enfrentar sus principales problemas.

La pregunta puede ser válida.

Pero entonces aparece otra, inevitable:

¿Y cuál era el plan para Lima?

Porque Lima también necesitaba —y sigue necesitando— una hoja de ruta.

No una colección de obras. No anuncios. No fotografías de inauguraciones. No proyectos que aparecen cuando surge la necesidad política o cuando algún distrito reclama una obra.

Lima necesitaba una visión integral de ciudad, una cartera de proyectos estratégicos, expedientes técnicos, financiamiento, cronogramas y prioridades claramente establecidas.

Y esa es precisamente la discusión que todavía está pendiente.

Una ciudad no se gobierna improvisando obras

Lima tiene millones de habitantes y problemas que no respetan los límites de los distritos.

El transporte de un distrito afecta al otro. El agua no puede resolverse distrito por distrito. La seguridad tampoco. La infraestructura vial, los grandes corredores metropolitanos, los espacios públicos, la disposición de residuos, la prevención frente a desastres y la expansión urbana requieren planificación metropolitana.

Por eso la pregunta no debería ser solamente qué obra se hizo.

La pregunta más importante es:

¿Qué Lima se quiso construir?

¿Dónde está el gran proyecto de ciudad?

¿Cuál fue la visión para Lima Norte, Lima Sur, Lima Este y Lima Centro?

¿Cuál era la cartera de proyectos que debía transformar la ciudad durante los próximos 10, 15 o 20 años?

Y, sobre todo:

¿Cuántos de esos proyectos quedaron realmente listos para ejecutarse?

El dinero existe. ¿Y los proyectos?

La discusión adquiere mayor importancia cuando hablamos del endeudamiento y de los recursos destinados a inversión.

Una municipalidad puede conseguir dinero. Pero conseguir financiamiento no significa necesariamente tener una ciudad planificada.

El verdadero desafío es tener proyectos maduros, priorizados y técnicamente preparados antes de buscar el dinero.

Porque una administración seria debería saber primero:

  • qué necesita Lima;
  • qué obras son prioritarias;
  • cuánto cuestan;
  • dónde se ejecutarán;
  • qué impacto tendrán;
  • cómo se financiarán;
  • cuándo comenzarán;
  • cuándo terminarán;
  • y cómo se integrarán unas con otras.

De lo contrario, existe el riesgo de terminar haciendo exactamente lo contrario de lo que necesita una gran metrópoli: buscar proyectos para gastar el dinero disponible, en lugar de conseguir recursos para ejecutar los proyectos que la ciudad necesita.

¿Se pidió a los distritos que presentaran sus proyectos?

Aquí aparece otra pregunta que merece una respuesta documentada.

Si una parte importante de los recursos municipales terminó orientándose a obras de mejoramiento, reconstrucción y recuperación de vías y espacios públicos en diferentes distritos, cabe preguntar:

¿Existía previamente una cartera metropolitana de necesidades y proyectos o fueron los propios distritos los que fueron planteando sus requerimientos?

¿Cuántos proyectos fueron solicitados por los municipios distritales?

¿Cuántos tenían expediente técnico?

¿Cuántos contaban con estudios completos?

¿Cuántos estaban listos para ejecutarse?

¿Cuántos fueron incorporados posteriormente?

Y una pregunta todavía más importante:

¿Quién decidió cuáles eran prioritarios y bajo qué criterios?

No estamos hablando de una pequeña municipalidad.

Estamos hablando de Lima.

El caso del transporte revela el problema

López Aliaga ha convertido el tren Lima-Chosica en una de sus principales banderas y ha sostenido que el proyecto podría comenzar a operar rápidamente si existiera voluntad política.

También ha planteado movilizaciones para reclamar competencias y recursos para Lima, incluyendo el manejo del agua y de los colegios.

Perfecto.

Pero entonces volvemos a la pregunta fundamental:

¿Cuál es el sistema integral de transporte de Lima?

Porque Lima no necesita solamente un tren.

Necesita que el tren se conecte con corredores, buses, Metro, vías metropolitanas y sistemas alimentadores.

Necesita saber cómo se movilizarán los habitantes de Lima Norte hacia el centro, de Lima Este hacia el Callao, de Lima Sur hacia las zonas industriales y comerciales, y cómo se conectarán los diferentes sistemas.

Una ciudad moderna no puede construirse a partir de proyectos aislados.

No basta con criticar la falta de un plan

Este es el punto central.

López Aliaga tiene todo el derecho de cuestionar a la presidenta de la República.

Pero si sostiene que “no se puede ser presidente sin un plan”, entonces debería aceptar que la ciudadanía le formule exactamente la misma exigencia.

¿Cuál fue el plan de Lima?

¿Dónde está?

¿Puede ser presentado públicamente?

¿Puede ser medido?

¿Puede compararse lo prometido con lo ejecutado?

¿Puede conocerse qué proyectos quedaron listos para la siguiente administración?

¿Puede saberse cuánto de la cartera actual responde a una planificación previa y cuánto surgió durante la marcha?

Porque gobernar no es solamente ejecutar.

Gobernar es saber hacia dónde se conduce la ciudad.

Lima merece algo más que una lista de obras

El problema de Lima no es la falta absoluta de dinero.

Tampoco es solamente la falta de voluntad política.

Uno de sus grandes problemas es la ausencia de una visión integral y sostenida de ciudad, que sobreviva a los alcaldes de turno.

Cada administración llega con sus propias prioridades.

Un alcalde impulsa un proyecto. El siguiente lo modifica. Otro lo paraliza. Después vuelve a aparecer. Se anuncia nuevamente. Se cambia el diseño. Se busca financiamiento. Se renegocia.

Mientras tanto, Lima sigue creciendo.

Y los ciudadanos siguen perdiendo horas en el tráfico, esperando soluciones de transporte, reclamando seguridad, padeciendo deficiencias de infraestructura y viendo cómo grandes proyectos permanecen durante años en anuncios, estudios, discusiones o modificaciones.

La pregunta queda planteada

Rafael López Aliaga ha dicho que el Perú necesita una hoja de ruta.

Estamos de acuerdo.

Pero Lima también.

Y por eso, desde Mudo Social, creemos que la pregunta que corresponde hacerle no es solamente qué nueva obra piensa realizar.

La pregunta es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más difícil:

¿Cuál era el plan para Lima?

Y si existe, que lo muestre.

Que nos diga qué ciudad imaginó, qué proyectos estratégicos dejó encaminados, cuáles cuentan con expediente técnico, cuáles tienen financiamiento y cuáles podrán ejecutarse sin depender de la improvisación del próximo alcalde.

Porque si para gobernar el Perú se necesita un plan,

para gobernar Lima también.

Y Lima ya no puede seguir esperando que sus soluciones aparezcan después de que aparezcan los problemas.

La capital necesita planificación.
Necesita proyectos.
Necesita continuidad.
Y, sobre todo, necesita saber hacia dónde va.

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