Tecnología

Apple ha tardado siete años en tener su iPhone plegable. Ahora no piensa levantar el pie del acelerador

Cuando tuvimos en nuestras manos el primer Samsung Galaxy Fold, pese a todos sus defectos estructurales, limitaciones de uso y concesiones técnicas, tuvimos claro desde el primer momento que se trataba de un dispositivo con una propuesta de valor capaz de abrirse un hueco propio en el mercado de la telefonía móvil. Mientras que otras marcas presentaron prototipos o lanzamientos efímeros que terminaron desapareciendo sin dejar huella, los teléfonos plegables han ido ganando terreno poco a poco, consolidándose como una categoría real y sostenible, y durante todo este tiempo Apple ha permanecido al margen, observando la evolución del sector desde su posición expectante desde allá por 2019. Sin embargo, todo apunta a que el próximo mes de septiembre pondrá fin a esa larga espera con la presentación oficial del tan rumoreado iPhone plegable —conocido hasta ahora mayoritariamente como iPhone Ultra, aunque su denominación definitiva no se confirmará hasta el evento— y, aunque han tardado más que cualquier competidor destacado, todo indica que no van a llegar tarde ni mal preparados. Desde el lanzamiento inicial hasta el año 2028, los planes filtrados apuntan al desarrollo de tres generaciones consecutivas de este modelo, lo que lleva inevitablemente a plantearse la gran duda: ¿por qué ahora? La respuesta responde a una lógica operativa y comercial que es absolutamente característica de la forma en la que Apple ha trabajado históricamente.

 

En lo que respecta al nombre, todo lo que circula por ahora se enmarca en el terreno de los rumores y filtraciones de fuentes cercanas a la cadena de suministro, y no tendrá validez oficial hasta que la propia compañía lo anuncie en su keynote programada para septiembre. La denominación “iPhone Ultra” es la que ha cobrado mayor fuerza en las últimas semanas, una elección que tendría todo el sentido dentro de la nomenclatura que ya utiliza la marca para sus productos de gama más alta, además de evitar términos como “Fold”, que han sido ampliamente utilizados y popularizados por la competencia directa y que ya se han convertido en una etiqueta genérica del sector. Las especificaciones técnicas que se han filtrado dibujan un dispositivo con una pantalla exterior de 5,5 pulgadas pensada para el uso diario más habitual sin necesidad de desplegarlo, y una pantalla interior de 7,8 pulgadas que ofrece una superficie muy superior para tareas de productividad, entretenimiento o lectura; su diseño promete ser extremadamente delgado y cuidado, aprovechando toda la experiencia en miniaturización de componentes que la marca ha acumulado con el desarrollo del iPhone Air. Otro detalle llamativo es el regreso del sistema de reconocimiento biométrico Touch ID integrado en el botón de encendido, abandonando temporalmente Face ID en este modelo concreto, así como la incorporación del chip A20 estándar en lugar del A20 Pro que equiparán los iPhone 18 Pro que se presentarán en la misma fecha. En cuanto a su forma física, se asemejaría mucho al estilo de cuaderno o pasaporte del Samsung Galaxy Z Fold8, y es precisamente la firma surcoreana la que será el proveedor principal de las pantallas flexibles para este lanzamiento, dada su ventaja tecnológica y capacidad de producción actual en este campo.

 

Mirando más allá de la presentación de este año, Mark Gurman —uno de los analistas con mayor tasa de acierto en información sobre la compañía, gracias a fuentes directas dentro de Apple— recoge en sus últimas publicaciones que la marca ya ha dado luz verde definitiva al desarrollo de las dos generaciones sucesivas del producto. El iPhone Ultra de segunda generación estaría ya en fase avanzada de planificación como parte de los lanzamientos especiales que conmemorarán el vigésimo aniversario de la llegada del primer iPhone al mercado, y para el año 2028 se prepara una tercera versión que aumentará ligeramente las dimensiones de ambas pantallas para ofrecer una experiencia aún más inmersiva. Este trabajo en paralelo o con mucha antelación sobre modelos futuros es una práctica habitual en la industria, motivada por los largos tiempos de desarrollo y fabricación de componentes especializados, una situación que se agrava hoy en día con las limitaciones de capacidad tanto en Samsung como en TSMC, los dos socios estratégicos fundamentales de Apple en hardware.

 

Volviendo a la pregunta de por qué este es el momento elegido, hay que remontarse al comportamiento tradicional de la marca: rara vez es la primera en lanzar una tecnología emergente, pero entra en la escena cuando considera que esa tecnología ya ha madurado lo suficiente, ha demostrado su utilidad práctica y cuenta con una demanda real por parte de los consumidores. Durante años los plegables sufrieron fallos estructurales, pantallas frágiles, bisagras poco duraderas y precios prohibitivos que limitaban su uso a un nicho muy reducido; hoy esos problemas se han resuelto en gran medida, los costes de fabricación han bajado respecto a sus inicios y el mercado ha empezado a mostrar una aceptación mucho más amplia. A esto se suma una lectura estratégica adicional: aunque en mercados asiáticos como China o Corea del Sur los dispositivos plegables ya son una alternativa consolidada, en occidente la adopción avanza a un ritmo más lento y muchos usuarios siguen esperando la propuesta de Apple para dar el paso; al mismo tiempo, si el producto no despertara el interés esperado, la marca podría detener su producción sin sufrir pérdidas que comprometan su estabilidad financiera o su posición en el mercado.

 

Sin embargo, no todo son buenas noticias ni certezas, y hay dos grandes incógnitas que marcarán el éxito de esta apuesta: su precio final y, sobre todo, su disponibilidad real en tiendas. Las estimaciones más consistentes apuntan a un coste superior a los dos mil dólares en su versión básica, una cifra que lo situaría como el iPhone más caro de la historia hasta el momento, pero el obstáculo más complejo de gestionar viene de fuera de la propia compañía. Hace poco tiempo conocimos que la producción de los futuros iPhone 18 Pro ya se verá afectada por limitaciones en el suministro de memoria DRAM y retrasos en determinados procesos de fabricación en las instalaciones de TSMC, problemas que también tendrán un impacto directo en el iPhone Ultra al compartir buena parte de su cadena de valor. La escasez de componentes no solo fuerza ajustes al alza en los precios que terminan pagando los usuarios finales, sino que limita el volumen total de unidades que se pueden producir: es muy probable que haya existencias suficientes para la preventa y los primeros días de lanzamiento, pero después de esa primera oleada las reposiciones podrían demorarse semanas o incluso meses, con el riesgo claro de no poder satisfacer la demanda esperada de cara a la campaña de ventas navideña, una de las más importantes para todo el sector de la electrónica de consumo.

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