Delta Air Lines quiere que la inteligencia artificial vaya mucho más allá de recomendar una tarifa cuando alguien se dispone a comprar un billete de avión, y su consejero delegado, Ed Bastian, ha confirmado que la aerolínea planea apostar aún más fuerte por esta tecnología a la hora de fijar precios, gestionar sus operaciones y hasta en la toma de decisiones internas, todo con el objetivo de aumentar de forma significativa sus márgenes de beneficio. Las compañías aéreas operan habitualmente con márgenes estrechísimos, por lo que la mayoría trabaja internamente en cualquier alternativa que permita ensancharlos, aunque sea mediante una variación de unos pocos puntos porcentuales en los costes, una diferencia que, aplicada a la escala de un negocio como el de Delta, puede traducirse en miles de millones de dólares. En su intervención en el podcast Airlines Confidential, presentado por el excolumnista del Wall Street Journal Scott McCartney, Bastian argumentaba que decisiones más rápidas y guiadas por sistemas automatizados en la fijación de precios, las mejoras de clase, la reasignación de tripulaciones, el mantenimiento y la gestión del combustible podrían generar precisamente ese aumento del margen de beneficio, hasta el punto de especificar que la compañía podría pasar de un margen del 10 % al 15 %, lo que supondría un salto del 50 % en su rentabilidad general.
La aerolínea no está hablando de una única herramienta aislada, sino de un despliegue amplio y transversal de múltiples sistemas de inteligencia artificial en toda la empresa. Según las declaraciones de Bastian recogidas por el medio The Street, Delta dispone de un volumen enorme de datos que actualmente apenas aprovecha porque carece de los sistemas adecuados para procesarlos, y la IA permitiría transformar esa información en decisiones continuas y automatizadas: desde decidir en tiempo real cuántos asientos liberar en cada nivel de tarifa y cómo gestionar las mejoras de clase, hasta cómo reposicionar tripulaciones y aeronaves tras una incidencia operativa, además de detectar problemas como fallos de mantenimiento o errores de programación antes de que se agraven, en lugar de limitarse a reaccionar a posteriori una vez que el daño ya está hecho.
La parte de la fijación de precios es, sin embargo, la más sensible de toda la estrategia, y es también la que más atención ha recibido hasta el momento. Delta ya ha estado probando una especie de sistema de precios dinámicos asistido por IA desde el año pasado a través de una alianza con la startup Fetcherr, cubriendo inicialmente alrededor del 3 % de su red nacional y con planes de expandirlo hacia el 20 % a finales de 2025, tal como se conocía entonces por información de Reuters. La compañía sostiene que el sistema no establece un precio diferente para cada comprador que consulta el mismo vuelo, sino que ajusta cuántos asientos están disponibles en cada tramo de precio basándose en “señales de demanda agregadas”, de modo que todo el mundo sigue viendo la misma tarifa pública en un momento dado. Gary Leff, analista de aviación del portal View from the Wing, explicaba que este enfoque permite teóricamente ofrecer descuentos a quienes buscan un precio más competitivo sin aplicar ese mismo descuento a quienes habrían pagado más de todos modos, lo que podría beneficiar a ambas partes, aunque en la práctica el planteamiento ha suscitado recelos desde el primer momento.
Las dudas no han tardado en llegar, y de muy distintos frentes. En julio de 2025, los senadores demócratas Ruben Gallego, Richard Blumenthal y Mark Warner enviaron una carta formal a Delta advirtiendo que sus “prácticas de precios individualizados” podrían plantear problemas serios de privacidad y empujar las tarifas hacia el “punto de dolor” concreto de cada viajero, es decir, cobrar a cada persona lo máximo que estaría dispuesta a pagar. Por su parte, el senador republicano Josh Hawley calificó públicamente el enfoque como “una de las peores prácticas que había visto en la industria”, y los competidores también se sumaron a las críticas: el consejero delegado de American Airlines, Robert Isom, lo describió como un “gancho engañoso” durante una presentación de resultados financieros. Delta respondió entonces negando que utilizara datos personales para fijar precios individuales, y en una carta oficial dirigida a los senadores su director de Asuntos Externos, Peter Carter, afirmó que “no existe ningún producto tarifario que Delta haya utilizado nunca, esté probando o planee utilizar que se dirija a los clientes con precios individualizados basados en datos personales”, describiendo la tecnología de Fetcherr como una simple herramienta de apoyo que los analistas humanos “supervisan y ajustan”. La compañía ha repetido esa misma defensa en declaraciones posteriores, y Bastian prefiere además evitar el término “inteligencia artificial”, hablando en su lugar de “inteligencia aumentada” para presentarla como un complemento que hace más eficiente al personal, no como un sustituto de su criterio.
Sin embargo, algunos detalles parecen contradecir esa versión. Según publicó Bloomberg el año pasado, Fetcherr había descrito públicamente en su página web —antes de eliminar el texto discretamente— un futuro basado en la “fijación de precios individualizada” apoyada en datos de comportamiento de los usuarios. Además, el propio presidente de Delta, Glen Hauenstein, dijo a los inversores a finales de 2024 que el objetivo final era precisamente averiguar cuánto podía subir la tarifa de un cliente concreto, planteándose abiertamente si la aerolínea podría añadir veinte o cuarenta dólares a un billete sin perder cuota de mercado. Por otro lado, no está claro que esta ventaja vaya a ser exclusiva de Delta: el propio Leff señala que compañías rivales como United ya están adoptando sistemas de automatización similares para reducir costes, por lo que el panorama podría cambiar rápidamente. Queda por ver qué opinan los organismos reguladores sobre todo ello, y si las autoridades pondrán límites a unos sistemas que, aunque presentados como neutros y agregados, podrían terminar transformando por completo la forma en la que se fijan los precios de los billetes de avión.
