OpenAI lleva más de un año avanzando en su ambicioso proyecto de crear el primer gran dispositivo hardware nativo de la era de la inteligencia artificial, y nuevos detalles publicados por Bloomberg perfilan un producto que rompe con todos los esquemas habituales. Se trata de un aparato sin pantalla, con forma de donut y unas dimensiones similares a una pastilla o disco de hockey, equipado con batería propia, cámara, micrófonos, altavoces y elementos mecánicos móviles, cuyo lanzamiento está previsto para 2027 con un precio estimado entre 300 y 400 dólares. La compañía deja claro desde el principio que no busca competir directamente con teléfonos como el iPhone replicando un rectángulo de cristal: su apuesta parte de una premisa mucho más radical, según la cual una inteligencia artificial lo suficientemente avanzada hará innecesaria gran parte de la interfaz gráfica que usamos hoy. Funcionará principalmente mediante comandos de voz evolucionados respecto a los actuales en ChatGPT, combinados con modelos más potentes y la capacidad de percibir visual y auditivamente todo lo que ocurre en su entorno, convirtiéndose en lo que muchos ya denominan el verdadero “iPhone de la IA”, no porque imite al móvil, sino porque podría reducir drásticamente la necesidad de consultarlo en decenas de situaciones cotidianas.
El diseño con partes móviles responde a una estrategia muy definida: evitar que se convierta en un objeto estático como los altavoces inteligentes actuales y construir en su lugar una auténtica “presencia doméstica”. El dispositivo aprenderá constantemente de las conversaciones, hábitos y preferencias de su usuario para ofrecer un acompañamiento cada vez más personalizado, aunque este mismo funcionamiento plantea el reto más difícil de superar: la privacidad. La incorporación de cámara y múltiples sensores reaviva las dudas y desconfianzas que ya rodearon a productos como las gafas conectadas de Meta, y convencer al público de que toda esa información se procesa de forma segura y respetando sus derechos será tan determinante como la tecnología que lleve integrada. A esto se suma la lección histórica que suponen casos como Alexa: durante años Amazon y Google prometieron que sus altavoces transformarían el hogar, pero al final se han limitado a usos muy básicos, y la reciente tibia acogida de la renovada Alexa+ demuestra lo difícil que es cambiar esta dinámica. Al frente del diseño está Jony Ive, el legendario creador que se sumó a OpenAI tras la compra de su estudio el año pasado, quien deberá superar las dificultades que ya rodearon al desarrollo y dejar atrás las polémicas de su último trabajo, para liderar uno de los intentos más ambiciosos de crear una categoría tecnológica totalmente nueva desde cero.
