Apple ha presentado el iPhone Duo como el iPhone más revolucionario desde aquel primer modelo de 2007, según lo describió el nuevo director general John Ternus. Llega la última al mercado de los plegables, pero lo hace con una propuesta que, en lo que respecta al software, rompe con la lógica que han seguido todos sus competidores durante años. Mientras marcas como Samsung tratan la pantalla interior como una versión ampliada de un móvil convencional —donde simplemente caben más iconos sin cambiar la disposición ni el enfoque— Apple ha rediseñado la interfaz desde cero para adaptarla a las proporciones cuadradas del formato pasaporte, y el cambio más visible y revelador es el del muelle de aplicaciones: en lugar de permanecer en la parte inferior, se ha desplazado al borde derecho, justo donde descansa el pulgar al sostener el dispositivo.
La diferencia con el enfoque de Samsung y del resto de fabricantes de Android es profunda. En el Galaxy Z Fold8, al abrir el teléfono todo se mantiene igual, solo que con más espacio: los iconos se multiplican, el muelle sigue abajo y la experiencia es la de un móvil que se ha estirado, no la de un dispositivo distinto. Apple, en cambio, ha tratado el iPhone Duo como una categoría propia, tan diferente de un iPhone convencional como lo es un iPad. Esa decisión se nota en cada detalle: no solo el muelle, sino también los controles habituales y hasta la pantalla de bloqueo se han reubicado en el lateral accesible, alineándose con la forma en que realmente sujetamos un aparato de estas proporciones. Es un cambio que parece menor, pero resuelve un problema real de los plegables de formato cuadrado: la zona inferior queda lejos del alcance natural del dedo, y mover los elementos a la zona derecha mejora la usabilidad sin necesidad de estirar la mano.
Esa misma lógica se extiende a cómo interactuamos con las aplicaciones. La mayoría de interfaces ya colocan botones de acción, menús y opciones en el margen derecho; al coincidir la interfaz del sistema con esa costumbre, todo se siente más natural y cercano desde el primer momento. Es, sin duda, la idea más brillante del dispositivo, y una que probablemente veremos replicada en otros plegables en el futuro. Sin embargo, hay un aspecto que ensombrece la propuesta: por un precio de 2.339 euros, el sistema de cámaras no está a la altura. No incorpora el teleobjetivo ni las prestaciones ópticas del iPhone 18 Pro, repitiendo una práctica que también se observa en los plegables de Samsung: reservar lo mejor de la fotografía para los modelos convencionales de gama alta y dotar a los plegables de una configuración inferior.
Lo que hace más llamativa esta decisión es que otras marcas como Honor, OPPO o Vivo ya han demostrado que es posible combinar diseño plegable con sistemas de cámaras de primer nivel. Por eso, aunque el enfoque de Apple en el software resulte acertado y marque un camino propio, la elección en materia de fotografía pesa de forma importante. Habrá que esperar al análisis en profundidad para valorar el conjunto, pero a primera vista el balance es claro: la interfaz pensada para la mano convence plenamente, mientras que unas cámaras que no igualan a las del modelo Pro suponen un obstáculo difícil de ignorar para quien busca lo mejor de todo.
