Tecnología

La IA ha resuelto uno de los grandes problemas de la ciberseguridad: encontrar fallos. Ahora tenemos otro mucho mayor

En junio de 2026 el célebre «martes de parches» de Microsoft marcó un récord con 206 vulnerabilidades, de las cuales tres eran «zero day», pero solo un mes después esa cifra se triplicó hasta alcanzar las 622, una tendencia que se repite en empresas como Oracle, Chrome o Firefox, que han visto multiplicarse drásticamente la cantidad de fallos corregidos en sus últimas actualizaciones. El origen de este cambio no es un aumento de errores en el desarrollo, sino la llegada de la inteligencia artificial, una herramienta que está permitiendo descubrir problemas de seguridad a una velocidad y escala sin precedentes, al mismo tiempo que genera un efecto colateral complejo de gestionar. Durante décadas encontrar una vulnerabilidad requería tiempo, experiencia especializada y mucha suerte; las técnicas automáticas tradicionales como el fuzzing tenían limitaciones importantes, pero los modelos de IA pueden analizar grandes volúmenes de código, establecer conexiones entre detalles dispersos y razonar sobre formas de explotación, una capacidad que hasta hace muy poco estaba reservada a una élite muy reducida de expertos. Según empresas como Mozilla, este avance ha convertido la detección de fallos en un proceso automatizado a escala industrial, capaz incluso de identificar todos los problemas que antes solo descubrían personas.

 

Este aluvión de descubrimientos ha puesto a la industria ante una contradicción curiosa: el software debería ser más seguro que nunca, pero se encuentran fallos mucho más rápido de lo que los equipos humanos pueden verificar, priorizar, corregir y distribuir, obligando a ritmos de actualización insólitos. Chrome ha pasado a probar lanzamientos de correcciones dos veces por semana, mientras que Mozilla utilizó modelos avanzados de Anthropic para corregir 271 vulnerabilidades en una sola versión de Firefox, y la actualización trimestral de Oracle de julio reunió nada menos que 1.449 parches para toda su línea de productos, de los que solo 64 provinieron de investigadores externos. A pesar de que la mayoría de estos fallos no son de gravedad extrema —solo diez en el caso de Oracle y 59 en el de Microsoft contaban con la calificación de mayor riesgo—, la tarea recae ahora sobre los administradores de sistemas, que deben separar los problemas urgentes de los secundarios sin cometer errores que puedan provocar fallos, incompatibilidades o nuevos agujeros de seguridad, cumpliendo en muchos casos la frase de que a veces «es peor el remedio que la enfermedad».

 

 

 

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