La crisis social, económica y política que atraviesa Bolivia comienza a sentirse con fuerza en el Perú. Los bloqueos de carreteras impulsados por la Central Obrera Boliviana (COB) han paralizado rutas estratégicas hacia Perú y Chile, interrumpiendo el transporte de carga, el flujo comercial binacional y el tránsito de pasajeros. El resultado inmediato: decenas de ciudadanos peruanos varados en La Paz y en pasos fronterizos, en plena temporada alta de turismo.
La situación se agravó por la coincidencia entre la radicalización de las protestas y el incremento de viajes hacia el Salar de Uyuni, uno de los destinos más visitados del país altiplánico. Turistas peruanos que viajaban por motivos laborales o recreativos quedaron atrapados durante días ante la suspensión total del transporte interdepartamental.
Peruanos varados y recorridos a pie en medio del conflicto
Ante el cierre de carreteras, algunos viajeros optaron por continuar el trayecto a pie, exponiéndose a riesgos en zonas rurales y de alta tensión. Testimonios recogidos en la frontera describen ataques a buses y vehículos por parte de grupos movilizados, como los denominados Ponchos Rojos.
“Acabo de llegar, he caminado desde las dos de la mañana. Desde donde nos dejó el carro hasta Desaguadero hemos llegado alrededor de las ocho. Los ponchos rojos estaban por todo lado, nos apedrearon; la huelga está fuerte”, relató una ciudadana peruana que logró cruzar hacia territorio nacional.
La Cancillería peruana informó que viene asistiendo a connacionales afectados y mantiene un monitoreo permanente de la situación, mientras el paso fronterizo continúa interrumpido de manera intermitente.
Comercio paralizado y pérdidas que golpean a ambos países
Los bloqueos han detenido el transporte pesado y el comercio exterior boliviano, afectando de manera directa el intercambio con el Perú. La Cámara Boliviana de Transporte advirtió que las rutas hacia territorio peruano permanecen inhabilitadas, generando pérdidas millonarias y retrasos en exportaciones e importaciones.
El impacto es significativo si se considera que en 2023 el comercio bilateral superó los 1.400 millones de dólares. Perú importó bienes bolivianos por 871 millones —principalmente soya y derivados—, mientras que Bolivia adquirió productos peruanos por 533 millones, entre ellos acero, plásticos y textiles. La paralización actual amenaza con profundizar la caída del intercambio, golpeando sobre todo a pequeñas y medianas empresas de ambos lados de la frontera.
Trasfondo político: exclusión, elecciones y tensión social
La crisis no es solo económica. Bolivia llega a este punto tras un proceso electoral marcado por la exclusión política de amplios sectores indígenas y sindicales vinculados a Evo Morales. En la práctica, se les impidió participar: se retiraron siglas partidarias, se presionó a organizaciones que intentaron acogerlos y se utilizaron diversos subterfugios legales para sacarlos de la contienda.
Cuando finalmente se realizaron las elecciones, el escenario estaba despejado. Quedaron en carrera el oficialismo encabezado por Luis Arce y otros candidatos que se presentaban como de izquierda, lo que derivó en una alta abstención del electorado afín a Morales y facilitó el avance de opciones de derecha. Los resultados preliminares de los comicios del 17 de agosto de 2025 colocaron a Rodrigo Paz Pereira y a Jorge Tuto Quiroga a la cabeza, marcando el fin de más de dos décadas de hegemonía del socialismo.
Hoy Bolivia enfrenta lo que muchos describen como un proceso de “revancha política”: la posible reversión de avances sociales y la marginación, una vez más, de los pueblos indígenas —mayoritarios en el país—, vistos como instrumentos electorales antes que como protagonistas de la acción política.
Gobierno por decreto y riesgo de escalada
El nuevo gobierno intentó imponer, mediante decretos presidenciales, un paquete de medidas económicas de emergencia, desconociendo en la práctica el rol de la Asamblea Legislativa. La eliminación de subsidios y otras disposiciones detonaron la reacción de mineros, campesinos y organizaciones sociales, que hoy se enfrentan abiertamente al Ejecutivo.
Con el respaldo de Estados Unidos y de organismos internacionales como la DEA, el gobierno se siente fortalecido. Sectores sociales temen que, antes que optar por el diálogo, se recurra a la violencia para contener las protestas. A ello se suma la posibilidad de una orden de captura contra Evo Morales, percibida por sus seguidores como un intento de neutralizar al principal referente indígena con capacidad de reorganización política.
Impacto regional y una incertidumbre que persiste
Mientras el conflicto se prolonga, el turismo es uno de los sectores más golpeados. La suspensión de viajes y el cierre de rutas en plena temporada alta generan pérdidas millonarias y afectan también a operadores peruanos vinculados al circuito del sur andino.
La combinación de crisis económica, bloqueos y transición política mantiene en vilo al comercio y al tránsito fronterizo. Para los peruanos varados y las empresas afectadas, la incertidumbre continúa. Y para la región, queda claro que una crisis interna en Bolivia puede trasladar rápidamente sus efectos más allá de sus fronteras, poniendo a prueba la estabilidad y la cooperación entre países vecinos.
