La votación, realizada el último sábado, dejó fuera al postulante de Nuevo Perú, Vicente Alanoca, pese a que la organización de Verónika Mendoza posee mayor trayectoria, presencia territorial y reconocimiento público. La decisión, sin embargo, revela algo más profundo que un simple resultado electoral: la renuncia de Nuevo Perú a liderar el progresismo y su conversión en un acompañante marginal dentro de una alianza dominada por viejos cuadros de izquierda ortodoxa.
Un desplazamiento difícil de entender
Nuevo Perú ha sido, en los últimos años, una organización con propuestas programáticas coherentes, una narrativa moderna y un espacio propio en el electorado progresista. Fue también un punto de quiebre respecto del marxismo-leninismo tradicional que aún pulula en varias agrupaciones menores de la izquierda.
Por eso sorprende que, en vez de consolidar ese espacio, el partido haya optado por actuar con una candidez política desconcertante, entregando su representatividad a un sector afín a Guillermo Bermejo, líder de Voces del Pueblo, cuya orientación política se inscribe en una izquierda más dogmática y con poco eco en la actualidad.
La ausencia de Verónika Mendoza
El retiro de Verónika Mendoza de la contienda electoral —influida por críticas provenientes tanto de adversarios como de sectores envidiosos dentro de la misma izquierda— dejó al progresismo sin una figura sólida, con trayectoria y capacidad de articulación. Ese vacío, lejos de ser ocupado por un relevo natural dentro de Nuevo Perú, fue cedido a una figura desconocida para el electorado nacional.
Es así como las banderas progresistas, que durante años Nuevo Perú representó con claridad, hoy parecen quedar disponibles para otros actores, principalmente Alfonso López Chau, quien ha venido construyendo una opción progresista más moderna y articulada.
Un candidato sin trayectoria política amplia
La elección de Ronald Atencio, más allá de las capacidades profesionales del abogado, responde a una dinámica interna donde la militancia de Nuevo Perú quedó en situación de minoría frente a un bloque bien organizado por Voces del Pueblo y sus aliados. Atencio es conocido por su defensa legal de Guillermo Bermejo y por representar a un sector político cuya legitimidad electoral aún es incierta.
El progresismo, entendido como una corriente amplia, moderna, democrática y renovadora, pierde así su referente principal y queda asociado a posiciones más radicales y contestatarias, vinculadas a viejos militantes procedentes principalmente del espacio político de Javier Diez Canseco y otros, cuya influencia actual es limitada.
Una autoaniquilación política
Lo ocurrido en la asamblea de Venceremos no solo deja a Nuevo Perú sin candidato propio, sino que marca un retroceso histórico para un proyecto que había logrado interpelar a sectores jóvenes, urbanos y críticos del país. En lugar de consolidarse, el partido optó por diluirse en una alianza donde no lidera, no marca agenda y no representa su propia identidad.
El progresismo, que sigue siendo una corriente políticamente potente e intelectualmente sólida, deberá ahora ser reconstruido desde otros espacios, mientras Nuevo Perú enfrenta el riesgo de convertirse en una cola dentro de una coalición que no lo valora ni lo potencia.
El tiempo dirá si esta decisión fue un acto de generosidad política o, como parece, una renuncia irresponsable a un capital político que tardó años en construirse.
