Hablar de industrializar el país puede parecer un sueño alejado de la realidad. Por 35 años, la ideología neoliberal repetida por operadores mediáticos ha logrado que una parte importante de la población crea que es normal un país de «bajateros», mototaxistas, colectiveros o taxistas en nuestras ciudades. O de vendedores y vendedoras por teléfono, de calle y de minibodegas.
Hemos dejado de pensar en una mayoría de trabajadores y trabajadoras que, con ayuda de máquinas, transforman elementos de la Naturaleza en productos que nos faciliten la vida: calzado, vestimenta, alimentos no perecibles, vehiculos, otras maquinarias. Dejamos que el mercado mundial nos coloque en un lugar subordinado en las cadenas de producción y consumo. Y dejamos de imaginar un futuro mejor.
Pero en todo el Perú tenemos actores económicos que han resistido esa posición subordinada: empresarios y empresarias que han embotellado zumos de frutas; trabajadores y trabajadoras que han cultivado cacao y café para convertirlo en chocolate, pastas, licores y otros derivados, a veces organizados en cooperativas o en pequeñas o medianas empresas; empresarias y empresarios que están transformando elementos de la Naturaleza en aceites esenciales de la Amazonía y derivados o en suplementos nutricionales. En Huánuco hemos tenido el cuy liofilizado combinado con cacao para producir «Chocuy» y muy recientemente, ingenieras alimentarias de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán han logrado producir vodka y derivados a partir de la papa, cuyos productos embotellados se han vendido en la feria Negritos de Huánuco. Y antes de la arremetida neoliberal tuvimos industria textil – ahora solo exportamos la mayor parte de las fibras de lana de alpaca y vicuña – , maderera, siderúrgica.
Es decir, tenemos experiencia que sustente una diversificación productiva industrial. Es más, en algunas universidades hay estudiantes y docentes a cargo de innovaciones con aplicaciones industriales. Y el Estado cuenta con los CITEs – Centros de Innovación Tecnológica – que dan soporte a innovaciones comunales. Pero todo es en pequeña escala, poco más que experimental.
Ante ello, el proceso electoral en curso es una gran oportunidad para terminar con la resignación neoliberal y discutir abiertamente las condiciones de un impulso industrializador, que aproveche nuestros ingentes recursos naturales, nuestra memoria histórica industrial, nuestra creatividad y capacidad de innovación y los mayores ingresos públicos que nos dará una reforma tributaria, para que la manufactura sea fuente de empleo masivo bien remunerado y con derechos. Revisando planes de gobierno y entrevistas, apreciamos que la alianza Venceremos y su candidato presidencial han colocado la industrialización del Perú como un eje central. Esperemos que otras candidaturas generen un debate al respecto, que sería un debate sobre qué tipo de país queremos y podemos ser.
Pier Paolo Marzo Rodríguez
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