El presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, denunció haber recibido amenazas directas por parte de Percy Moreano, ciudadano que ha presentado la mitad de las tachas maliciosas contra partidos políticos en el proceso de inscripción para las Elecciones 2026. El caso parece anecdótico, pero en realidad revela algo más profundo: el acoso permanente que sufren las autoridades electorales en un país donde el poder político no tolera la independencia.
Un árbitro incómodo
El JNE sigue siendo, a pesar de todo, un organismo con un margen de independencia. No absoluto, pero suficiente para incomodar a un Congreso y a grupos políticos que sueñan con tenerlo bajo control total. El Parlamento cogobernante quisiera que el árbitro electoral se convierta en un brazo más de su poder. Y aunque este nuevo Jurado, de origen variado, ha mostrado en ocasiones un preocupante nivel de sometimiento cuando las cosas se ponen duras, sigue siendo un espacio donde la disputa por la autonomía institucional está abierta.
El libreto del miedo y el chantaje
Las amenazas contra Burneo no son hechos aislados. Forman parte de una estrategia que combina escarnio público, hostigamiento legal y presión directa. En el Perú actual, quienes osan actuar con independencia frente al poder legislativo o frente a intereses empresariales y mediáticos son convertidos en blanco de campañas de desprestigio, insultos y ahora también amenazas.
Detrás de estas prácticas se encuentran sectores políticos vinculados a la extrema derecha, los llamados facho-saurios, que no creen en la democracia como valor sino como herramienta descartable. Lo que les interesa no es el respeto a las reglas del juego, sino garantizar que sus intereses no corran peligro. Para ello, no dudan en usar armas de miedo, intimidación y chantaje.
Elecciones bajo control político
El escenario que se perfila es claro: las elecciones de 2026 estarán bajo una vigilancia feroz de grupos que no quieren perder el poder conquistado en los últimos años. Y para consolidarlo, necesitan un JNE debilitado, intimidado o directamente controlado. Lo que está en juego no es solo la inscripción de alianzas o la revisión de tachas; es la posibilidad de que los ciudadanos tengamos un proceso electoral mínimamente limpio y confiable.
Democracia frágil, instituciones frágiles
El caso Burneo nos recuerda que nuestra democracia sigue siendo frágil, acosada y a merced de intereses oscuros. Si el árbitro electoral cede al miedo, el partido estará decidido antes de jugarse. Y si no cede, corre el riesgo de ser acosado y perseguido.
En este contexto, la ciudadanía debe estar atenta. Porque más allá de las peleas entre partidos, lo que se busca es capturar las instituciones y con ellas la democracia misma. Y si dejamos que el miedo dicte las reglas, las Elecciones 2026 podrían ser recordadas no por la elección de un presidente, sino por la derrota silenciosa de la independencia electoral.
