Las declaraciones de Rafael López Aliaga, al afirmar «¿Querían joderme? Pues ahí tienen a Keiko Fujimori», revelan mucho más que la frustración de un candidato derrotado. Constituyen, quizás sin proponérselo, el reconocimiento de un fenómeno político que se fue gestando durante toda la campaña electoral.
López Aliaga sostiene que quienes se opusieron a su candidatura terminaron favoreciendo el triunfo de Keiko Fujimori. En parte, su afirmación contiene un elemento de verdad, aunque probablemente no en el sentido que él pretende.
Desde su ingreso a la política nacional, Rafael López Aliaga construyó una imagen caracterizada por un discurso de confrontación permanente, un lenguaje agresivo y una forma de hacer política que muchos ciudadanos percibieron como radical y poco conciliadora. Sus constantes ataques a adversarios, instituciones y medios de comunicación terminaron generando un alto nivel de rechazo, incluso entre sectores tradicionalmente ubicados en la centroderecha.
Fue precisamente esa percepción la que produjo un fenómeno inesperado. Para un sector importante del electorado que históricamente había rechazado a Keiko Fujimori, comenzó a surgir una comparación distinta: frente a un eventual escenario donde la alternativa fuera López Aliaga, la lideresa de Fuerza Popular aparecía como una opción relativamente más moderada y predecible.
No significa que Keiko Fujimori haya dejado de generar resistencias. Tampoco que desaparecieran las críticas a su trayectoria política. Lo que ocurrió fue un cambio en la referencia de comparación. En política, las percepciones suelen ser relativas. Un liderazgo puede parecer más moderado no porque haya cambiado sustancialmente, sino porque surge otro que es percibido como más confrontacional.
En ese sentido, López Aliaga pudo haber contribuido, indirectamente, a suavizar la imagen pública de Keiko Fujimori. Sin proponérselo, desplazó el eje del debate político hacia posiciones más radicales, permitiendo que la candidata de Fuerza Popular apareciera ante muchos electores como una alternativa menos disruptiva.
Paradójicamente, el propio líder de Renovación Popular terminó facilitando un proceso de «normalización» de la figura de Keiko Fujimori. Lo que años atrás habría sido una decisión impensable para muchos votantes, terminó convirtiéndose en una opción considerada más aceptable frente a una candidatura percibida como más extrema.
Las elecciones no solo las gana quien suma más votos; también las condiciona quien redefine el escenario de comparación entre los candidatos. En esa dimensión, Rafael López Aliaga terminó desempeñando un papel que probablemente nunca imaginó: contribuir a que Keiko Fujimori pareciera una opción menos radical para una parte del electorado.
