Política

Mercosur: democracia selectiva y silencios convenientes

La reciente Cúpula de Jefes de Estado del Mercosur y de los países asociados, realizada en Foz de Iguazú, volvió a dejar en evidencia una vieja práctica de la diplomacia latinoamericana: la defensa selectiva de la democracia y los derechos humanos, alineada más con intereses geopolíticos externos que con una mirada integral de los problemas de la región.

Un grupo de seis países —Perú, Argentina, Paraguay, Panamá, Bolivia y Ecuador— emitió un pronunciamiento unilateral exhortando al presidente venezolano Nicolás Maduro a “restablecer el orden democrático por medios pacíficos” y a garantizar el respeto irrestricto de los derechos humanos. El texto fue firmado por Javier Milei, Santiago Peña, José Raúl Mulino y altas autoridades de los otros países mencionados, al margen del comunicado oficial del bloque.

El documento —difundido por la Cancillería peruana y reportado por EFE— expresa “profunda preocupación” por la crisis migratoria, humanitaria y social en Venezuela. Sin embargo, omite deliberadamente cualquier referencia a un factor central del agravamiento de dicha crisis: el endurecimiento de las sanciones económicas y financieras impuestas por Estados Unidos, así como la creciente tensión militar entre Washington y Caracas, incluido el despliegue militar estadounidense en el Caribe.

Los temas que no quisieron discutir

La cumbre dejó fuera del debate asuntos igualmente graves y regionalmente relevantes. No hubo una sola línea sobre el bloqueo económico a Cuba, condenado año tras año por abrumadora mayoría en la Asamblea General de la ONU. Tampoco se abordaron las serias denuncias de irregularidades electorales en Ecuador, país firmante del pronunciamiento, ni otros procesos cuestionados en la región.

Esta omisión revela un problema de fondo: la democracia es invocada solo cuando conviene políticamente, y no como un principio coherente y universal. Se condena a Venezuela, pero se guarda silencio ante prácticas autoritarias, fraudes electorales o violaciones de derechos humanos cuando ocurren en países aliados o estratégicos.

Mercosur dividido

No es un dato menor que Brasil, Uruguay y Chile —este último como Estado asociado— se hayan negado a suscribir el comunicado. Según EFE, durante la cumbre semestral existieron profundas divergencias entre Brasil y Argentina. El gobierno brasileño estaba dispuesto a incluir una referencia a la situación de derechos humanos en Venezuela, pero exigía también expresar preocupación por el despliegue militar estadounidense en la región y rechazar las medidas coercitivas unilaterales. Al no alcanzarse un consenso, el tema Venezuela fue excluido del comunicado final del Mercosur.

Frente a ese desacuerdo, seis países optaron por emitir un texto propio, fracturando la posición del bloque y debilitando aún más la ya erosionada capacidad del Mercosur para actuar como espacio político regional autónomo.

¿Más sanciones, más migración?

Hay un elemento que el comunicado ignora por completo: el impacto regional de un mayor aislamiento y sanción contra Venezuela. La experiencia reciente demuestra que cada endurecimiento de las medidas económicas se traduce en nuevas olas migratorias, que terminan siendo absorbidas —sin políticas coordinadas ni recursos suficientes— por países de América Latina, especialmente Perú, Colombia, Ecuador, Chile y Argentina.

Condenar sin analizar las causas estructurales del colapso venezolano no solo es políticamente irresponsable, sino también socialmente miope. La región paga las consecuencias de decisiones tomadas fuera de ella, mientras algunos gobiernos actúan como simples voceros de una sola versión del conflicto.

Democracia sin geopolítica es ficción

La crisis venezolana es real y profunda, pero no puede analizarse al margen del contexto internacional. Ignorar el papel de las sanciones, del bloqueo financiero y de la presión militar externa no es neutralidad: es tomar partido. Y hacerlo desde una supuesta superioridad moral democrática solo profundiza la polarización regional y debilita cualquier salida negociada.

Si el Mercosur aspira a ser algo más que un bloque comercial en crisis, necesita recuperar una voz propia, capaz de defender la democracia sin dobles raseros, condenar todas las violaciones —vengan de donde vengan— y comprender que la estabilidad regional no se construye con comunicados alineados a Washington, sino con diálogo, soberanía y responsabilidad política.

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