Tecnología

Hacer una mano robótica es «100 veces más difícil» que construir el robot entero. Estas empresas chinas están decididas a resolverlo

China ha sorprendido al mundo con exhibiciones donde sus robots humanoides corren a buen ritmo, ejecutan movimientos acrobáticos, simulan combates coordinados y siguen coreografías musicales con una sincronización que hace apenas dos años parecía imposible de alcanzar en prototipos de serie; sin embargo, los expertos coinciden en que dominar la locomoción y el equilibrio fue la parte más accesible del desafío tecnológico, y que el verdadero obstáculo para que estas máquinas dejen de ser simples atracciones mediáticas o piezas de laboratorio y se conviertan en herramientas útiles en fábricas, almacenes, comercios o incluso hogares no está en sus piernas, su sistema de visión ni su capacidad de procesamiento, sino en algo mucho más pequeño, delicado y complejo: sus manos. La mano humana es una obra maestra de ingeniería biológica, compuesta por 27 huesos, 34 músculos, más de cien ligamentos y miles de terminaciones nerviosas que le otorgan una destreza, sensibilidad y capacidad de adaptación inigualables: puede sujetar con firmeza un objeto pesado, girar con precisión una llave, levantar un huevo sin romperlo o distinguir al tacto la diferencia entre seda y lija. Replicar esta combinación en metal, sensores y circuitos ha pasado a ser el principal cuello de botella de la robótica moderna; como afirmó Zhou Yong, fundador de la firma puntera LinkerBot, en declaraciones recogidas por The Guardian, construir una mano robótica es «cien veces más difícil» que fabricar el resto del humanoide, ya que requiere concentrar una precisión diez veces superior en apenas una décima parte del volumen total del cuerpo. Aquí es donde China ha logrado una ventaja que hoy parece difícil de igualar: Pan Yunzhe, fundador de Wuji Technology, se formó en Estados Unidos y planeó lanzar su empresa allí, pero explicó que resultó «prácticamente imposible» avanzar por las limitaciones de la cadena de suministro local, mientras que en China dispone de una red industrial integrada, ágil, capaz de suministrar desde micro motores y reductores hasta sensores táctiles avanzados con tolerancias de micras, y a costes muy inferiores a los de cualquier otro país. Gracias a esto, LinkerBot ya fabrica alrededor de cinco mil manos robóticas al mes —con el objetivo de llegar a diez mil en breve— y domina más del 80 % del mercado mundial de modelos de alta destreza, siendo la única empresa del mundo que produce estos componentes a escala industrial, reduciendo su precio hasta en un 90 % respecto a las cifras de hace dos años.

 

Pero dominar la fabricación física es solo la mitad del camino, y el desarrollo del software necesario para controlar esas manos con la naturalidad y capacidad de reacción de un ser humano sigue siendo un terreno casi virgen. Como señala Nathan Lepora, profesor de robótica e inteligencia artificial en la Universidad de Bristol, la producción de hardware está avanzando a gran velocidad, pero «nadie sabe todavía cómo hacer que funcionen como una mano real»: mientras los modelos de lenguaje se han entrenado con billones de textos disponibles en internet, apenas existen conjuntos de datos detallados sobre cómo se mueve la mano humana en tareas cotidianas, qué fuerza aplica en cada instante, cómo ajusta la presión cuando un objeto se desliza o qué sensaciones recibe al tocar materiales distintos. Para cerrar esa brecha, Wuji Technology está probando guantes equipados con cientos de sensores capaces de registrar cada movimiento, rotación y variación de presión, aunque su fundador reconoce que capturar y traducir esa información compleja sigue siendo una tarea «sumamente difícil y aún no resuelta». A pesar de estas limitaciones, el sector vive un auge sin precedentes: solo el mercado de manos robóticas en China facturó 7.400 millones de dólares el año pasado, casi cuatro veces más que en 2024; LinkerBot aspira a una valoración de unos 6.000 millones de dólares, y en todo el país hay registradas más de un millón de empresas dedicadas a la robótica, un 40 % más que el año anterior, lo que consolida una posición dominante: China ya fabrica el 90 % de los humanoides del mundo y cuenta con el parque de robots industriales más numeroso del planeta, con unos dos millones de unidades en funcionamiento —casi cuatro veces más que Japón, el segundo— y absorbe el 54 % de todas las instalaciones nuevas que se realizan anualmente en el mundo . Sin embargo, hay voces autorizadas que llaman a la prudencia: la Federación Internacional de Robótica advierte en sus informes más recientes que, pese a las demostraciones espectaculares, «los verdaderos humanoides polivalentes aún están lejos», y que pasar de los prototipos que brillan en los escenarios a máquinas capaces de realizar de forma autónoma y fiable cualquier tarea doméstica o industrial exigirá al menos varios años más de investigación y desarrollo .

 

 

 

 

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