Llevar los centros de datos al espacio es una propuesta que, aunque no termina de convencer a Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, ya ha puesto en marcha a las mayores empresas tecnológicas del planeta. AWS trabaja junto a Blue Origin en esta línea, Google desarrolla sus propios proyectos, Elon Musk asegura que su red Starlink puede adaptarse para cumplir esta función con solo una actualización de software, y también figuras destacadas como Eric Schmidt, Sam Altman e incluso la propia Nvidia siguen muy de cerca estos avances. Las ventajas técnicas parecen claras y contundentes: al ubicarse en órbita baja, estas instalaciones no necesitan agua para su refrigeración, ya que aprovechan el frío natural del espacio, se alimentan de energía solar prácticamente ilimitada y no ocupan terrenos ni espacios en la superficie terrestre, lo que supone una solución ante el creciente consumo energético y los problemas de abastecimiento que enfrentan estos centros en muchos países. Sin embargo, la idea no está exenta de opiniones contrarias, especialmente entre astrónomos, que advierten sobre las interferencias que podrían generar en las observaciones del cielo nocturno.
Por su parte, Jeff Bezos defiende con gran entusiasmo esta visión como una oportunidad para transformar tanto la tecnología como el medio ambiente. El fundador de Blue Origin señala que estamos en una etapa muy temprana de la economía espacial, comparable a los inicios de internet, cuando iniciativas pequeñas podían crecer hasta convertirse en proyectos de alcance mundial, y considera que condiciones como el frío espacial y la energía solar constante son recursos valiosos que permitirán ampliar la capacidad de cómputo sin límites. Va más allá al afirmar que, si trasladamos al espacio las actividades industriales y tecnológicas que más contaminan y consumen recursos, podríamos reducir la presión sobre la Tierra hasta devolverla, en su mayor medida, al estado que tenía antes de la Revolución Industrial; incluso ha llegado a decir que de esta forma podríamos lograr que en todo el planeta haya espacios verdes y zonas naturales semejantes a los grandes parques de ciudades como París, aunque esta visión también genera debates sobre sus verdaderas consecuencias y la viabilidad real de semejante cambio.
