Durante años, miramos a Japón y asociamos su robótica a máquinas de formas amables, movimientos medidos y una capacidad casi teatral para mostrarnos cómo podría ser el futuro, siendo ASIMO, el humanoide desarrollado por Honda, su símbolo más reconocido: una obra de ingeniería diseñada para impresionar, emocionar y demostrar hasta dónde podía llegar su tecnología, aunque el debate actual ha cambiado por completo y el país ya no parece obsesionado con recuperar aquel icono, sino con llevar la robótica al mundo real, allí donde faltan trabajadores, se acumulan tareas repetitivas y cada puesto sin cubrir se convierte en un problema económico. El Ministerio de Economía, Comercio e Industria ha puesto una meta muy clara sobre la mesa: desplegar cerca de diez millones de robots para el año 2040, dentro de una estrategia renovada que combina inteligencia artificial y sistemas robóticos, ampliando su alcance hasta cubrir dieciocho áreas de aplicación entre las que destacan la restauración, la fabricación de alimentos y la atención sanitaria. El abandono del desarrollo de ASIMO en 2018 y su retirada de las presentaciones públicas en 2022 no supuso una pérdida de interés, sino el traslado de todo lo aprendido a líneas de trabajo más aplicadas, como la asistencia a personas o la operación a distancia, reflejando una diferencia fundamental: antes bastaba con demostrar que una máquina podía caminar o interactuar como un ser humano, ahora debe justificar exactamente qué tarea asume y en qué entorno resulta útil, sin limitarse solo a diseños con forma humana, sino contemplando robots industriales, de logística, inspección, mantenimiento o respuesta ante emergencias. La razón de esta transformación no surge de la sola fascinación por la tecnología, sino de una necesidad estructural: Japón enfrenta un fuerte envejecimiento poblacional y una natalidad muy baja, y según estimaciones del Instituto Recruit Works, para 2040 podría contar con un déficit cercano a los once millones de trabajadores, lo que convierte a estas máquinas en una herramienta indispensable para mantener en marcha servicios, cuidados, cadenas de suministro y producción. Aunque hoy gran parte de la atención internacional se centra en los avances que surgen desde Estados Unidos o China, Japón sigue siendo una potencia silenciosa pero decisiva: según datos de la Federación Internacional de Robótica, en 2023 aportó el treinta y ocho por ciento de toda la producción mundial de robots industriales, instaló más de cuarenta y cuatro mil unidades nuevas durante 2024 y cuenta con cerca de cuatrocientos cincuenta mil sistemas en funcionamiento en todo el mundo. Aún quedan muchas preguntas por resolver, ya que no se ha detallado qué empresas liderarán esta fabricación masiva, qué peso tendrán los proveedores nacionales frente a posibles alianzas internacionales ni cómo se repartirán los recursos entre cada sector de aplicación, pero la apuesta va más allá de aumentar solo el número de máquinas: el pasado 30 de junio de 2026 se anunció la selección de un consorcio formado por la empresa Noetra y el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada para crear un modelo fundacional de inteligencia artificial propio, capaz de combinar distintos tipos de información y dotar a los robots de mayor autonomía para interpretar su entorno y actuar con precisión en el mundo físico.
