Internacional

El régimen de Azerbaiyán se proyecta como una ficha al servicio de los intereses anti- iranies

La naturaleza del régimen del presidente azerbaiyano Ilham Aliyev vuelve a ponerse en evidencia, esta vez en el contexto de la creciente tensión y los ataques contra Irán. Azerbaiyán, un país situado en el Cáucaso Sur —una región estratégica entre Europa y Asia—, ha estrechado su alianza con Turquía e Israel, lo que lo posiciona dentro de un bloque político y militar que podría llevar el conflicto hacia esta parte de Eurasia.

Diversas fuentes señalan que desde hace años fuerzas militares extranjeras, incluidas unidades especiales de Estados Unidos e Israel, han operado contra Irán utilizando territorio azerbaiyano. Estas operaciones también habrían contado con el uso de zonas que anteriormente formaban parte de Artsaj (Nagorno-Karabaj), un territorio cuya disputa con Armenia terminó recientemente con su control por parte de Azerbaiyán.

Lo que hace una década parecía impensable hoy empieza a tomar forma. La falta de consecuencias internacionales ante el bloqueo y la toma de Artsaj, así como el desplazamiento de su población armenia, ha sido interpretada por algunos analistas como un precedente que ha fortalecido la confianza del gobierno de Bakú para adoptar políticas cada vez más agresivas.

Una de las mayores controversias surge por la postura del actual gobierno de Armenia. Críticos sostienen que las autoridades en Ereván han reaccionado con cautela o incluso con gestos de cooperación hacia Azerbaiyán, a pesar de que este país está concentrando fuerzas cerca de la frontera con Irán.

Al mismo tiempo, Azerbaiyán ha adoptado un tono cada vez más desafiante incluso frente a Rusia. Moscú mantiene importantes vínculos económicos con Bakú, incluyendo el comercio de hidrocarburos y productos agrícolas, además de rutas comerciales que han cobrado relevancia desde el inicio de las sanciones occidentales contra Rusia. Esto, según algunos observadores, explica la moderación de la respuesta rusa frente a las declaraciones críticas procedentes de Azerbaiyán.

En este escenario, Irán se enfrenta ahora a un vecino cada vez más seguro de su posición. En Bakú se habla abiertamente del llamado “Azerbaiyán del Sur”, una referencia a las regiones del noroeste de Irán donde vive una importante población de origen azerbaiyano. Algunos sectores nacionalistas en Azerbaiyán han alentado a esta población a oponerse al gobierno iraní, con la esperanza de que, si las circunstancias lo permiten, esas regiones puedan separarse de Irán.

Por el momento, pocos actores parecen capaces de frenar la creciente tensión. Lo que sí está claro es que el Cáucaso y sus alrededores se están convirtiendo en una zona de inestabilidad permanente dentro de Eurasia. Y aunque hoy Azerbaiyán actúa con gran confianza, la historia demuestra que en una región tan compleja las decisiones tomadas en momentos de aparente ventaja pueden tener consecuencias inesperadas en el futuro.

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