Medio Ambiente

El Salvador enfrenta un clima impredecible entre inundaciones y temperaturas récord en la misma semana

Durante el primer semestre de 2026, El Salvador ha experimentado condiciones climáticas cada vez más inestables a causa de la llegada de fenómenos meteorológicos más intensos.

Esta situación se hizo más evidente desde febrero, cuando una ola ártica provocó un descenso histórico en las temperaturas, que llegaron a los 0 °C en zonas montañosas y afectaron severamente a países como Guatemala, Honduras y El Salvador. En ese mismo periodo, las autoridades registraron ráfagas de viento que superaron los 80 kilómetros por hora en el territorio nacional.

Pocas semanas después, la población salvadoreña enfrentó una ola de calor que se extendió durante mayo. Los termómetros marcaron 41 °C (105,8 °F) en el departamento de Santa Ana y 35,2 °C (95,3 °F) en Morazán, valores que superaron los registros históricos para estas zonas.

El 18 de mayo se estableció la temperatura máxima promedio nacional del mes, con un registro de 35,7 °C (96,3 °F), un dato que el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) consideró “inusual” para el país.

Este escenario se ha mantenido. Durante julio, las temperaturas más frecuentes en la zona central y el área metropolitana han estado entre 30 °C y 33 °C, mientras que en el oriente del país, en localidades como San Miguel y La Unión, se han reportado valores de hasta 40 °C, según datos del MARN.

En Perquín, Morazán, se registró una temperatura récord de 31.6 °C como máxima.

Al mismo tiempo, julio generó una alerta naranja en el país con la llegada de la Tormenta Tropical Cristina. Este fenómeno trajo una gran cantidad de humedad, con acumulados de casi 700 milímetros de lluvia en la zona de San Salvador. Según el MARN, hasta la mitad de junio ya se había alcanzado el 67 % del promedio de lluvias del mes, con la probabilidad de superar el promedio histórico de junio.

La Tormenta Tropical Cristina se formó el 7 de junio de 2026 en el Pacífico oriental, cerca de las costas de Nicaragua y El Salvador, según reportes del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos. Durante su paso, el fenómeno provocó lluvias intensas y prolongadas sobre el territorio salvadoreño, lo que ocasionó inundaciones generalizadas y deslizamientos de tierra en múltiples departamentos.

Las precipitaciones asociadas a Cristina generaron el desbordamiento de varios ríos, daños en al menos 195 viviendas y afectaciones en 41 centros educativos. Informes de Protección Civil señalaron que se produjeron 29 deslizamientos, la caída de 156 árboles y el bloqueo de 112 carreteras. Las zonas más afectadas incluyeron Santa Ana, La Libertad, Sonsonate y San Salvador, donde los equipos de emergencia realizaron rescates y evacuaciones preventivas.

Ante el riesgo para la población, las autoridades suspendieron las clases a nivel nacional el 9 y 10 de junio y habilitaron 180 albergues con capacidad para alojar hasta 10,000 personas. En total, 95 personas, entre ellas 56 menores, fueron evacuadas y trasladadas a refugios temporales, según el balance presentado por fuentes oficiales.

El impacto de Cristina también alcanzó las zonas costeras. El puerto de La Libertad interrumpió sus operaciones por daños provocados por mareas vivas y olas de gran magnitud, que afectaron la infraestructura local, principalmente en el Puerto.

El fenómeno de El Niño corresponde a una variación climática caracterizada por el calentamiento inusual de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Este proceso altera los patrones normales de viento y precipitación, generando impactos significativos a nivel global.

En El Salvador, la presencia de El Niño suele asociarse con una reducción de las lluvias durante el periodo de canícula, así como con la intensificación de olas de calor y sequías. No obstante, en ocasiones, también puede generar lluvias intensas en cortos periodos, lo que incrementa el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra. Esta combinación de extremos climáticos complica la planificación y respuesta ante eventos meteorológicos.

Las lluvias intensas provocan el arrastre de grandes cantidades de sedimentos, lo que obliga a realizar paros técnicos en el suministro de agua potable, según la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA). Durante la emergencia por la llegada de la Tormenta Cristina, la autónoma informó que no se habían registrado interrupciones en el servicio de agua, y se ejecutaron trabajos para atender fugas en diferentes puntos del territorio nacional.

Otro de los escenarios posibles con el fenómeno del Niño es la falta de lluvias constantes limita la recarga de los acuíferos, de acuerdo con el Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad de El Salvador.

Las olas de calor y la sequía en El Salvador han provocado la muerte de al menos 50 cabezas de ganado entre marzo y abril, debido a enfermedades asociadas a estas condiciones extremas.

La escasez de pasto y agua ha incrementado el estrés en los animales, facilitando la aparición de brotes letales como ántrax y pierna negra. El aumento de los costos operativos, la falta de recursos dificultan la prevención y el acceso a insumos, lo que afecta la producción nacional esto genera una mayor dependencia de importaciones de carne y lácteos.

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