China se ha empeñado en ser la primera potencia mundial. Esta declaración de intenciones puede ser tan vacía como el propósito de cada enero de empezar a despertarse a las seis de la mañana para salir a correr, o puede ocurrir todo lo contrario: que se pongan todos los medios necesarios a disposición para lograrlo. En el caso del gigante asiático, lo que está ocurriendo es lo segundo.
Su hoja de ruta oficial es el Plan Quinquenal, que marca cada cinco años la dirección que deben seguir tanto las instituciones públicas como las empresas privadas para cumplir el objetivo nacional, y una vez definida la meta, el siguiente paso fundamental es la financiación.
Esto se traduce en un impulso gubernamental sin equivalente en otros países, lo que genera una competencia a dos velocidades. Para contextualizar, la OCDE —Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico— está integrada por 38 estados, entre ellos Estados Unidos, varios países sudamericanos, gran parte de Europa, Australia y Japón.
