Corea del Sur ha presentado un ambicioso megaproyecto de inversión público‑privada que suma cerca de un billón de dólares y está diseñado para redefinir su posición en la nueva era de la inteligencia artificial, estructurando sus esfuerzos en tres grandes áreas estratégicas: semiconductores, infraestructura de procesamiento y el desarrollo de lo que han dado en llamar “IA física”, es decir, sistemas robóticos y plataformas autónomas capaces de interactuar con el entorno real. El objetivo declarado es trascender su condición actual de principal proveedor mundial de chips de memoria para convertirse también en un referente en la fabricación de productos y tecnologías completas que se prevé tendrán una demanda masiva en los próximos años. La parte más cuantiosa de este plan corresponde precisamente al sector de los semiconductores, donde Samsung y SK Hynix se han comprometido a destinar 585.000 millones de dólares a la construcción de nuevas instalaciones industriales en la zona suroeste del país, además de ampliar las capacidades de las plantas ya existentes en la región metropolitana de Seúl; la meta es duplicar la producción de memorias DRAM en el plazo de cinco años, consolidando así su ventaja competitiva en un componente esencial para el funcionamiento de cualquier sistema de inteligencia artificial avanzada.
La segunda línea de actuación se centra en crear la infraestructura necesaria para dar utilidad a esa enorme capacidad de fabricación, y para ello SK Group, CS Group y Naver invertirán otros 357.000 millones de dólares en levantar grandes complejos de centros de procesamiento en zonas que hasta ahora quedaban al margen de los principales núcleos tecnológicos. Según las previsiones del Ministerio de Ciencia surcoreano, la suma de todas estas instalaciones debería alcanzar una potencia energética combinada de 18,4 gigavatios para el año 2035, lo que situaría al país entre los mayores nodos mundiales de alojamiento y cálculo de inteligencia artificial. Pero el aspecto más novedoso y llamativo de la estrategia es la elevación de la robótica y los sistemas autónomos a la categoría de industria estratégica nacional, bajo la denominación de IA física: se trata de desarrollar modelos capaces de comprender y representar el mundo real para actuar sobre él, con la intención de contar en tan solo tres años con una referencia tecnológica basada en esa misma filosofía de “modelo del mundo” que investigadores de referencia como Yan LeCun o Fei‑Fei Li promueven desde hace tiempo.
En este ámbito, el grupo automovilístico Hyundai juega un papel protagonista al haber reservado 5.800 millones de dólares para construir una fábrica especializada en robótica junto a su propio centro de cálculo, una apuesta que cobra todo su sentido si se tiene en cuenta que desde 2021 es la empresa propietaria de Boston Dynamics; ya están aprovechando su red de suministros nacional para acelerar la producción del robot humanoide Atlas, con la meta de llegar a fabricar hasta 30.000 unidades anuales de aquí a 2028. La hoja de ruta nacional va más allá y establece como objetivo comercializar estos aparatos en sectores industriales clave antes de esa misma fecha, acompañando el despliegue tecnológico con un plan de formación que pretende capacitar a 10.000 nuevos especialistas en robótica e inteligencia artificial a lo largo de los próximos cinco años, asegurando así que la llegada de estas nuevas máquinas vaya acompañada del talento necesario para sacarles el máximo partido.
