Lo que en las últimas semanas pudo parecer una serie de decisiones independientes por parte de empresas como Sony, Valve o Apple al elevar el coste de algunos de sus productos, se revela ahora como la manifestación más visible de una crisis estructural que afecta a toda la industria tecnológica: la presión de los costes de fabricación ha dejado de estar confinada a las cuentas internas de las compañías o a las grandes infraestructuras digitales para trasladarse directamente al precio que paga el consumidor final, y el último gran anuncio en este sentido lo ha realizado Microsoft, que ha confirmado una subida de precios de alcance mundial para toda su gama de consolas Xbox, que entrará en vigor de forma oficial el próximo 1 de agosto de 2026. El aumento es muy significativo y sigue una pauta definida: todos los modelos que cuentan con 512 gigabytes de memoria interna se encarecerán en 100 dólares, mientras que las versiones con una capacidad de un terabyte lo harán en 150 dólares; además, la compañía ha tomado la decisión de retirar definitivamente de su catálogo comercial la edición especial Galaxy Black de la Xbox Series X, que hasta ahora ofrecía dos terabytes de almacenamiento y desaparecerá del mercado sin ser sustituida por ninguna alternativa con esa misma capacidad. En el mercado estadounidense ya se conocen las cifras exactas que regirán tras la entrada en vigor de la medida: la Xbox Series S en su configuración básica pasará de costar 399,99 dólares a situarse en 499,99, la versión de mayor capacidad de este modelo sube de 449,99 a 599,99 dólares, la Xbox Series X sin unidad de disco aumenta su precio desde 599,99 hasta 749,99 dólares y el modelo estándar con lector óptico pasará de 649,99 a 799,99 dólares; para el mercado europeo y para España todavía no se ha publicado la conversión oficial en moneda local ni se han detallado los precios finales, aunque se ha confirmado que el ajuste se aplicará siguiendo estos mismos criterios sobre las tarifas actuales, que hoy oscilan entre los 349,99 euros de la consola más económica y los 599,99 euros de la versión profesional con lector.
La empresa ha querido explicar públicamente las razones que le llevan a esta decisión, que presenta como forzada y no deseada: recuerda que ya en octubre de 2025 tuvo que aplicar una primera corrección de precios mucho más moderada en Estados Unidos, elevando las tarifas entre veinte y setenta dólares, y que en aquel momento confiaba en que esa medida sería suficiente para mantener el equilibrio económico sin tener que volver a intervenir, pero la evolución del mercado ha sido mucho más adversa de lo previsto, ya que el coste de las memorias de estado sólido y los módulos de memoria de acceso aleatorio se ha multiplicado más de dos veces y media en muy pocos meses, y los análisis del sector advierten de que esta tendencia podría llevar a que los precios vuelvan a duplicarse antes de que termine el otoño de 2027. Aunque Microsoft evita mencionarlo de forma explícita en su comunicado oficial, la causa de fondo es la masiva demanda que está generando el despliegue de la inteligencia artificial, ya que las grandes empresas tecnológicas están absorbiendo la mayor parte de la producción mundial de estos componentes para equipar sus inmensos centros de datos, desviando los suministros necesarios para la electrónica de consumo y alterando todas las reglas del mercado; esta situación golpea de forma particularmente dura a las consolas, que durante décadas se han comercializado deliberadamente por debajo de lo que cuesta construirlas, confiando en recuperar esa diferencia económica a lo largo de la vida útil del producto mediante la venta de videojuegos, suscripciones y servicios adicionales, una estrategia que se ha vuelto prácticamente imposible de sostener ante la actual escalada de gastos. Para intentar reducir el impacto sobre los usuarios, la compañía ha anunciado al mismo tiempo la ampliación de fórmulas de acceso alternativo, como planes de pago aplazado sin intereses hasta en doce meses, programas de recogida y recompra de equipos usados con valoraciones mejoradas, y una mayor disponibilidad de unidades reacondicionadas por la propia marca con garantía oficial y descuentos que pueden alcanzar los cien dólares, aunque todas estas iniciativas están sujetas a las condiciones de cada país y a los acuerdos con las cadenas de distribución, por lo que la industria se enfrenta probablemente a un cambio duradero en su estructura de precios.
