La idea de intervenir en el clima para evitar desastres naturales parece algo sacado de una película de ciencia ficción. Sin embargo, la creciente frecuencia de huracanes, inundaciones y olas de calor, como las que transcurren en este momento en Europa, obliga a buscar nuevas formas de proteger ciudades y comunidades. El desafío consiste en encontrar métodos que logren desviar o suavizar estos fenómenos antes de que alcancen zonas pobladas, sin depender solo de infraestructuras como diques o represas.
Un reciente estudio publicado en la revista PLOS Water presenta una propuesta innovadora: utilizar intervenciones mínimas y precisas en la atmósfera para redirigir o atenuar eventos meteorológicos extremos antes de que causen daños. El trabajo, realizado por científicos de las universidades de Arizona y Columbia, introduce el concepto de Weather Jiu-Jitsu (Jiu-Jitsu meteorológico), y expone cómo esta técnica podría funcionar como un complemento para la gestión de catástrofes climáticas.
Según el artículo, la frecuencia y la intensidad de eventos como huracanes, lluvias extremas y sequías aumentan tanto por el cambio climático como por el crecimiento de la población en zonas vulnerables. Y destaca que el 74% de las pérdidas por desastres naturales entre 1970 y 2019 se originó por fenómenos relacionados con el agua y el clima.
En ese sentido, el artículo explica que la atmósfera se comporta de forma impredecible y puede cambiar mucho con pequeñas variaciones. Weather Jiu-Jitsu plantea que, mediante perturbaciones mínimas guiadas por modelos matemáticos y sistemas de inteligencia artificial, sería posible modificar la evolución de tormentas, olas de frío o grandes concentraciones de lluvia, si se actúa en el momento adecuado.
En las simulaciones expuestas por el estudio, intervenciones de este tipo permitieron desplazar la trayectoria del huracán Sandy en 2012 en unos 480 kilómetros para evitar su impacto en Nueva York, suavizar la ola de frío en Texas en 2021 elevando la temperatura mínima alrededor de 10°C y reducir en un 5% la precipitación transportada por un “río atmosférico” (un gran flujo de vapor de agua en la atmósfera que puede causar lluvias intensas) que afectó California en 2022.
La propuesta se apoya en modelos matemáticos que simulan el comportamiento de la atmósfera y en herramientas de inteligencia artificial. Permiten detectar los momentos y lugares en los que la atmósfera es más sensible a pequeños cambios.
El equipo probó cómo pequeñas intervenciones, como la simulación de siembra de nubes en zonas precisas y días antes de un evento extremo, pueden modificar el desarrollo de tormentas o frentes fríos. Se trata de una técnica que consiste en liberar pequeñas partículas, como yoduro de plata, en el interior de las nubes para estimular la formación de gotas de lluvia o nieve.
Este método busca modificar el comportamiento de las precipitaciones y se utiliza principalmente para aumentar la lluvia en regiones secas o reducir el granizo en zonas agrícolas. Según el artículo, estas intervenciones usaron una cantidad muy pequeña de energía en comparación con toda la energía de la atmósfera simulada, menos del 2%. Esto sugiere que, al menos en teoría, sería posible realizarlas sin necesidad de grandes recursos energéticos.
A pesar de estos resultados, los autores advierten que para aplicar esta técnica en la vida real se necesitan mejores sistemas de monitoreo, reglas claras sobre quién puede intervenir y un conocimiento más profundo sobre en qué situaciones los fenómenos climáticos pueden ser controlados.
Los autores advierten sobre los retos legales, sociales y ambientales de una intervención de este tipo. Señalan que la manipulación atmosférica puede generar beneficios y perjuicios desiguales a nivel global, lo que exige nuevas estructuras de gobernanza y marcos regulatorios.
Las aplicaciones potenciales de Weather Jiu-Jitsu incluyen la desviación de huracanes, la reducción de la intensidad de olas de calor, la prevención de inundaciones por “ríos atmosféricos” y la mitigación de olas de frío extremas. El enfoque aspira a complementar, no a reemplazar, las infraestructuras físicas y los instrumentos financieros actuales.
Si este enfoque llega a aplicarse, podría cambiar la manera en que se enfrentan los desastres climáticos, especialmente en comunidades que no disponen de otras formas de protección ante fenómenos extremos.
Entre los próximos pasos sugeridos por el equipo de expertos, se prevé una agenda de investigación escalonada que combine experimentos controlados, estudios regionales piloto y el desarrollo de protocolos globales en conjunto con organismos como la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
