Tecnología

La información es poder y Microsoft ha llegado a una conclusión: se ha cansado de regalarla a las Big Tech de la IA

Satya Nadella, director general de Microsoft, ha compartido recientemente una reflexión detallada en sus redes sociales que ha puesto sobre la mesa uno de los debates más importantes de la inteligencia artificial actual: la forma en que se genera, se comparte y se apropia el valor de la información en este nuevo escenario. Para exponer su punto de vista, Nadella parte de una referencia clásica de la economía: la paradoja de la información formulada hace décadas por Kenneth Arrow, premio Nobel de Economía. Según esta idea original, existe una dificultad fundamental en cualquier transacción donde el bien que se intercambia es información: el comprador no puede saber cuánto vale realmente hasta que la conoce, pero en el momento en que la recibe ya la tiene, y a menudo ya no tiene necesidad de pagarla por ella. Para convencer a alguien de que adquiera información, quien la posee debe revelar parte de su contenido, y al hacerlo reduce su valor o incluso la entrega sin querer.

 

Lo que plantea Nadella es que, con la llegada y el desarrollo masivo de la inteligencia artificial, esta paradoja ha cambiado completamente de sentido, hasta el punto de que él la ha denominado la Paradoja Inversa de la Información. En la actualidad, quienes compran o contratan servicios de inteligencia artificial no son quienes guardan el secreto, sino quienes deben ceder primero su propia información para que la herramienta funcione bien. Las empresas y organizaciones pagan dos veces por este servicio: primero con dinero, y después con algo mucho más valioso: su conocimiento interno, sus datos confidenciales, sus procedimientos, su historial y toda la información que hace útiles las respuestas de la IA. Cuanto más se quiere que esa inteligencia se adapte a lo que hace cada organización, más datos propios debe entregar, y todo ese conocimiento pasa a alimentar también a quien ha creado y gestiona el modelo.

 

A partir de ahí se genera una desigualdad muy clara: mientras la empresa que usa la IA conoce muy poco sobre cómo funciona realmente el sistema que contrata, quién lo gestiona va aprendiendo cada vez más sobre esa empresa a medida que se usa el servicio. Todo lo que se escribe, las instrucciones que se dan, las correcciones que se hacen cuando la IA se equivoca y todo el contexto que se aporta terminan formando parte del aprendizaje del modelo, y por lo general no quedan en propiedad de quien los ha generado. Como señala el propio Nadella: «cuando consumes inteligencia, estás creando inteligencia, y lo que creas debería pertenecerte. Esta es tu inteligencia particular, el conocimiento del tiempo, el lugar y la circunstancia, algo que nadie más puede poseer». Si ese aprendizaje fluye siempre en una sola dirección, todo el valor económico termina concentrándose en quienes poseen la infraestructura y los modelos, y no en quienes aportan el conocimiento original.

 

Para hacer frente a esta situación, el director general de Microsoft considera que es necesario crear nuevas normas y marcos legales que protejan a los usuarios y empresas, al igual que ocurrió con las patentes y la propiedad intelectual para resolver parte de la paradoja original. Pero también ha presentado una guía práctica con cinco puntos para que las organizaciones puedan proteger su valor: en primer lugar, controlar su información, conservando la propiedad de todo el contexto, las memorias y las correcciones que aportan; en segundo lugar, contar con capacidad propia para crear espacios de aprendizaje privados, donde se puedan adaptar modelos sin exponer datos confidenciales; en tercer lugar, tener libertad de elección, sin quedar ligados permanentemente a un único modelo de inteligencia artificial; en cuarto lugar, gestionar mejor los costes, al poder combinar recursos propios y externos sin perder calidad; y finalmente, capitalizar todo ese trabajo para crear un ciclo continuo en el que el conocimiento generado aumente el valor de la propia empresa y no se pierda fuera de ella.

 

Esta propuesta no es solo una reflexión teórica, sino que responde también a la posición que quiere ocupar Microsoft en este mercado: aunque otras empresas desarrollan los modelos más conocidos, Microsoft cuenta con su plataforma en la nube Azure, y plantea que las organizaciones no deben centrar su competencia en buscar cuál es el mejor modelo, sino en conservar y gestionar bien su propio conocimiento, y para ello pueden usar modelos externos siempre que todo ese aprendizaje se quede dentro de su infraestructura y no pase gratuitamente a quienes crearon la herramienta. Como ha añadido Nadella, si todo el valor generado por la inteligencia artificial se concentra en muy pocas empresas, esa situación no será sostenible a largo plazo desde el punto de vista económico y social.

 

 

 

 

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